Carlos Gustavo Álvarez

‘La misa ha terminado’

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
enero 31 de 2014
2014-01-31 02:02 a.m.
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Una facción de la sociedad colombiana ha advertido rápidamente que La misa ha terminado, el más reciente libro del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, que se lanzará el primero de febrero, tiene un error garrafal en su edición. Para esos escuderos contados, los editores se pifiaron al situar en la carátula a San Sebastián saeteado y, sin embargo, sensual, como lo concibió Marco Palmezzano, y en la contraportada al estampar a Gardeazábal, con su sonrisa socarrona y su cabeza cada vez más esclarecida.

No era así la cosa. El que merece estar no solo atravesado por flechas de escarmiento, sino lapidado o ardiendo en hoguera o inmóvil en un cepo eterno es el testigo de Tuluá, que ha lacerado la imagen de la Iglesia Católica con una novela construida sobre el homosexualismo novicio y sacerdotal, como factor de poder y perversión.

Pero muchas más cosas tienen en común Gardeazábal y San Sebastián, perdóneseme la herejía. Como el mártir, sobrevivió a la emboscada de una sociedad perversa que él mismo describe en prólogo sobre el devenir literario de Cali, que le pidieron con ansia y le colgaron con sevicia. Emergió de los años de confinamiento que una trampa maquillada le tendió, cuando lo vieron aureolado con la popularidad en la gobernación del Valle.

El escritor de Cóndores no entierran todos los días se reinventó en el púlpito de la radio y ahora es figura céntrica de La Luciérnaga. Ha hecho de su finca y su casa en Tuluá una especie de meca, adonde peregrinan diariamente políticos rampantes, funcionarios, hombres de empresa y mujeres de altos vuelos, a escuchar la perorata de sus vaticinios innegables. Ni qué decir que, como San Sebastián, se ha convertido en un abanderado de la comunidad LGBTI, heraldo de los salidos del closet.

No me corresponde el análisis literario de una novela de amor traspapelado, de ese amor tan difícil de entender cuando no se trata de sexos opuestos, que encontró su realidad en sucesos como la pactada muerte en Bogotá de dos curas signados por la infección. Le viene bien su reflexión a los procesos que están viviendo las iglesias, la Católica en particular, sobre el ejercicio desbordado del poder, la codicia del dinero que por blanqueo acaba de enviar a Nunzio Scarano a la guandoca y la pedofilia, que tiene tan irritado a Francisco. Evelio José Rosero, por cierto, también ha puesto a circular su libro Plegaria por un papa envenenado, el más reciente, que no es otro que Albino Luciani, Juan Pablo I.

La misa ha terminado tiene, para mí, un lenguaje chocante y procaz que, sin embargo, resulta pertinente para los devaneos sexuales que acometen las sotanas. Pero Gardeazábal no es Henry James, ni su novela es el Retrato de una dama. Las aventuras eróticas se suceden entre las reflexiones personales del escritor sobre su desilusión eclesiástica y religiosa, que tiene como epicentro la forma como fue maldito en público el sexo en contravía que se practicaba en las sacristías, y las admoniciones de un presbítero cansón que no pudo detener este miserere elocuente y profano.

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista

cgalvarezg@gmail.com

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