Carlos Gustavo Álvarez

Problemas a las soluciones

Carlos Gustavo Álvarez
POR:
Carlos Gustavo Álvarez
mayo 02 de 2014
2014-05-02 12:51 a.m.
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‘La propuesta de un ciudadano que podría revolucionar Transmilenio’. Así tituló El Tiempo el análisis de Guillermo Ramírez, ‘usuario del común’, que se aplicó a desmenuzar la crisis del medio de transporte. “Es posible que todo lo que decimos en las propuestas sea completamente erróneo –escribió Ramírez, que vio multiplicadas en redes sociales las visitas a su cuidadoso examen–. Es completamente intuitivo, irresponsablemente emocional y perfectamente descalificable. Y sin embargo, suena tan lógico, tan sencillamente racional...”.

Más allá del valor de la propuesta del ciudadano Ramírez (que lo tiene, sin duda) y de que sea aprovechada para solucionar el trajinar de ‘Transmilleno’ (lo cual debería ocurrir), es una buena oportunidad para reflexionar sobre las soluciones. Mejor dicho, sobre los problemas a las soluciones, en un país de la particular forma de ser y de pensar que tiene Colombia.

Como este pensador del transporte masivo, miles de compatriotas reflexionan, incluso de forma sistémica acerca de los inconvenientes de la vida cotidiana. Y hallan soluciones, individuales y en grupo, muchas de ellas viables y eficientes, que podrían ponerse en práctica para remediar dificultades y obstáculos que entorpecen el vivir y el convivir de los colombianos. ¿Por qué no se conocen? ¿Por qué no se aplican, a partir de la destinación metódica de recursos, del impulso al pensamiento creativo aplicado a problemas específicos?

En principio, porque no existe ese circuito metódico de la innovación en nuestra forma de pensar, en la educación, en nuestro aparato productivo. Es decir, el del pensamiento creativo, dirigido al análisis y la solución de problemas, y a que el paso a la aplicación y puesta en práctica de la propuesta represente un reconocimiento significativo a quienes la trabajaron, y no una untuosa palmadita en el hombro.

“Somos un baúl repleto de contenidos, pero vacío de contexto. De ahí nuestra dificultad para aplicar el conocimiento en la realidad” –señala el científico Rodolfo Llinás sobre la educación colombiana–. ¿Y qué tal la mitología que se ha erigido alrededor de las matemáticas, convirtiéndolas en ‘el coco’ de la educación y separándolas por completo de la vida cotidiana?

¿Por qué otras razones no trascienden las soluciones a los problemas? Tiene que ver también con ese mal endémico que azota a nuestra tierra, y que no es ‘cien años de soledad’, sino siglos de desconfianza. Con el aporte, la solución, el remedio que trabajemos, se va a quedar el vivo, ‘el avión’, el aprovechado. Y largas noches de estudio y dedicación van a enriquecer a otros, y a nosotros nos va a tocar una chichigua.

Eso tiene que ver con que Colombia es una maraña de intereses personales y egos, en la que cada cual saca su tajada. Lo público es siempre pisoteado por la ambición individual. Todo es premeditado y malintencionadamente complejo y enredado, y la simplicidad está vedada. Es un árbol retorcido para el que el papeleo, por ejemplo, es solo la florescencia de unas raíces perversas, que se fortalecen en el tronco feroz de los procesos engorrosos. Y muchos problemas, simplemente, siguen ahí porque enriquecen a quienes los causan. Y a los que las soluciones les dañan el negocio.

Carlos Gustavo Álvarez G.

Periodista

Cgalvarezg@gmail.com

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