Carlos Holmes Trujillo García
columnista

Ahora sí empezó la carrera

En primer lugar, se dirá si Colombia desea la implementación, tal como fue firmado, del acuerdo Santos - ‘Timochenko'.

Carlos Holmes Trujillo García
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Carlos Holmes Trujillo García
diciembre 11 de 2017
2017-12-11 08:22 p.m.
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Con la escogencia de Iván Duque como candidato de Centro Democrático se inició, en serio, la campaña presidencial. Poco a poco se va pasando de los momentos preliminares a aquellos escenarios que conducirán a la elección del próximo presidente de Colombia. Hasta ahora, lo que ha sucedido es apenas el preámbulo de un proceso político de gran trascendencia para la nación.

Es fácil entender que lo anterior sea recibido como una afirmación rutinaria, mejor, tradicional. Sin embargo, es imposible empezar estas reflexiones sin colocarlas en un marco definido. Y no hay otra manera de calificar las decisiones que el pueblo colombiano tomará en el 2018. Sí, serán trascendentales, aun cuando suene a las afirmaciones que se hacen, sin falta, en estas épocas preelectorales. Pero toca hacerlo porque el momento que está atravesando el país exige que se contribuya a que exista claridad acerca de la importancia de las decisiones que los electores van a tomar el próximo año.

En primer lugar, se dirá si Colombia desea la implementación, tal como fue firmado, del acuerdo Santos-‘Timochenko’. Semejante veredicto no será de poca monta, porque ese convenio se mete con los más variados aspectos de la vida nacional. A diferencia del cuento que le vendieron a los colombianos, en el sentido de que lo negociado está restringido apenas a cinco puntos, la verdad es distinta. Contiene, en realidad, cláusulas que impactan diversos temas de interés para todos. Más grave aún,acaba con la Constitución, destroza el principio del juez natural, el de legalidad y el de no retroactividad en materia penal; lesiona la descentralización, manda a la cesta de la basura el ‘voto programático’ y ayuda al mantenimiento de los desequilibrios regionales; es un atentado contra la soberanía popular y lanza una carga de profundidad a la independencia de los poderes. ¿Qué tal ?

Es indispensable decir que, en lo dicho, no hay exageración alguna. Es, apenas, una descripción del tremendo mal que se le está haciendo a la arquitectura institucional colombiana con la pretensión del gobierno Santos de imponer lo que firmó con las Farc. Lo más grave del asunto es que a ese propósito dañino se han sumado todos los poderes, en lugar de ejercer las competencias propias que tienen y servir de muro de contención a semejantes errores.Por eso es importante el proceso político que está en marcha.

A decir verdad, en las elecciones que vienen se decidirá si Colombia sigue caminando hacia la incertidumbre, el desorden institucional, y la quiebra del marco institucional que hemos construido con tanto esfuerzo, o si hará un alto en el camino, reflexionará, corregirá y sentará las bases para seguir viviendo, haciendo los cambios necesarios, con democracia y libre empresa. Así son las cosas, digan lo que digan, los pregoneros de la división falaz entre amigos y enemigos de la paz.

La decisión sobre el nombre del vocero de Centro Democrático, el senador Iván Duque, da lugar a que empiece de verdad la carrera presidencial. Todo será distinto a partir de este momento. Llegó la hora de cambiar el rumbo de Colombia.

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