Carlos Holmes Trujillo García
columnista

Petro y la impostura histórica

Hay que construir una corriente de pensamiento mayoritaria, que derrote, democráticamente, lo que fracasó en el pasado y vote en favor de superar la desigualdad social.

Carlos Holmes Trujillo García
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
febrero 19 de 2018
2018-02-19 09:13 p.m.
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Quién iba a creer que la obra de Thierry Wolton sobre la historia del comunismo, que califica como una “inmensa impostura”, a raíz de los cien años de la revolución rusa, podría convertirse en un importante animador de la campaña presidencial en Colombia.

En realidad, nadie, pues cuando arrancó el actual proceso nos movíamos en un escenario totalmente distinto al que hoy tenemos.Muchos se atrevían a decir que las cosas ya estaban definidas, mientras, al mismo tiempo, afirmaban que el acuerdo Santos-‘Timochenko’ produciría el efecto de sacar de la controversia los asuntos de la violencia y la paz, para darle espacio a otros temas de preocupación nacional.

Quizás por eso, en los albores de la campaña, empezó a predominar un toco tecnocrático y frío, sin la emoción de las luchas democráticas trascendentales. Se abandonó el debate político para entregarse en los brazos de las propuestas cargadas de porcentajes y expresiones propias de los administradores, no de los líderes. La atmósfera en la actualidad es diferente. Todo cambió porque se están viendo, de nuevo, plazas llenas y multitudes que acompañan con fervor a su candidato. Y la discusión pública tiene ingredientes distintos a los que hacían parte del paisaje en la primera parte de la contienda. Que así sea es bueno para Colombia.

Una de las ideas fuerza del profesor Michael Sandel en el foro sobre la ética de lo público, organizado, recientemente, por la Universidad del Rosario, El Tiempo y la Fundación Konrad Adenauer, es que “el debate político hoy no inspira a nadie”. Eso lo dijo el gran filósofo de la Universidad de Harvard, no sin antes señalar que la democracia contemporánea debe llevarnos a deliberaciones sobre la dirección de los pueblos, muy distintas a una charla de técnicos “estrecha y sesgada”, carente de capacidad para emocionar y definir.

Las propuestas de Petro hacen parte del menú ideológico que ya fracasó en 27 países durante el siglo XX, como bien lo recuerda Wolton en su trilogía. Bajo la sombrilla de superar la desigualdad social, objetivo que todos queremos alcanzar, dice que va a subir bastante el predial a los predios rurales improductivos, con el fin de obligar a quienes se esfuerzan por producir en el campo a vender de cualquier manera sus propiedades, como si aquello de la productividad fuera el resultado del título de propiedad y no de la oferta de bienes públicos.

Olvida que estamos en la era de la ‘agricultura de precisión’, lo cual requiere grandes inversiones, y que desarrollar el sector agropecuario para estimular el progreso industrial, fundamentado en el conocimiento, la ciencia y la tecnología, no se hace en el siglo XXI con las mismas concepciones de la centuria anterior.

Sin embargo, es conveniente para el futuro de la nación, y las decisiones que tomará el pueblo, que las cartas se pongan sobre la mesa con claridad. Lo que debe hacerse, entonces, es construir una corriente de pensamiento mayoritaria, que derrote, democráticamente, lo que ya fracasó en el pasado, es decir, la impostura histórica que representa Petro, y vote en favor de construir riqueza, no de generar más pobreza, para superar la desigualdad social.

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