Carlos Holmes Trujillo García
columnista

¿Conviene acabar el ‘efectivo maldito’?

Rogoff contempla las ventajas de conservar el ‘efectivo’ como medio de pago en transacciones menores.

Carlos Holmes Trujillo García
POR:
Carlos Holmes Trujillo García
febrero 26 de 2018
2018-02-26 08:52 p.m.
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A raíz de la propuesta del señor Fiscal, acerca de quitarles tres ceros a los billetes de alta denominación, conviene poner nuevamente en la controversia pública reflexiones del autor de estas líneas durante el año anterior.

La proliferación de propuestas para combatir la corrupción viajan a la misma velocidad de las noticias constantes sobre comportamientos delincuenciales, que comprometen a protagonistas de la vida nacional e internacional. El menú de ofertas para curar el mal es variado. Y se encuentran posiciones serias y estructuradas, al igual que gritos populistas, dirigidos a dejar ecos con los que se calcula conseguir un rédito electoral.

No obstante, en el debate se está omitiendo un tema fundamental. Se trata del papel que juega el “efectivo” en el mundo de la economía subterránea.

‘The curse of cash’, escrito por Kenneth S. Rogoff, debería servir como animador de una discusión necesaria para Colombia.

No olvidemos que muchos de los problemas que padece la nación tienen que ver con la evasión de impuestos, el contrabando, el narcotráfico, el terrorismo, y la corrupción en todos los niveles del Estado.

El autor se dedica a abrir los ojos respecto de una realidad imposible de ocultar, señalando que la atención creciente otorgada a los impactos del uso del “efectivo” se debe a la preocupación de los bancos centrales relacionada con la política de tasas negativas de interés, de los ministerios de hacienda por los recaudos fiscales, y de las agencias de seguridad en virtud del movimiento masivo de recursos sucios hecho por las organizaciones criminales.

El gran mérito de esa obra consiste en que plantea una tesis clara y polémica. Rogoff no vacila en proclamar que se debe descontinuar, gradualmente, el uso del papel moneda, debido a los varios efectos positivos que hacerlo tendría para la sociedad contemporánea. Entre ellos, señala el impacto en la lucha contra la evasión de impuestos, por ejemplo.

Las consecuencias benéficas, que enfatiza con mayor decisión, sin embargo, se concentran en el mundo del combate a la criminalidad organizada debido al papel nefasto que el uso del “efectivo” juega en el tráfico de drogas, la extorsión, el soborno a funcionarios públicos, lavado de activos y tráfico de seres humanos. Es decir, en muchas de las acciones delincuenciales que tanto afectan a Colombia.

Desde luego que los planteamientos de Rogoff contemplan las ventajas de conservarlo como medio de pago en transacciones menores, mantener los billetes de baja denominación y reconocen el valor que le otorgan al poseedor en materia de privacidad y ejecución ágil de las transacciones.

Pero, el reconocimiento de esas realidades con gran tradición no impiden que argumente, vigorosamente, en favor de la desaparición gradual del “efectivo”, sobre todo de los billetes de alta denominación, debido a que muy buena parte de su flujo se canaliza en los oscuros canales de la economía subterránea.

Infortunadamente, la criminalidad tiene lugar exista o no dicho medio de pago. No obstante, si su uso facilita el delito, tal y como lo evidencian los análisis de Rogoff, resulta claro que debe analizarse si es conveniente acabar con el “efectivo maldito”.

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