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Carlos Tellez

Racionalidad limitada

Recordemos compasivamente el material del que estamos hechos los seres humanos para convivir, sin angustia, con nuestra racionalidad limitada.

Carlos Tellez
POR:
Carlos Tellez
octubre 05 de 2022
2022-10-05 11:38 p. m.
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Los seres humanos nos hemos catalogado como una especie racional, es decir, poseedora de razón y capaz de razonar. Esta competencia, que suponemos diferenciadora frente a otras especies, nos permite pensar, acción que nos habilita, por ejemplo, para la elaboración y relacionamiento de ideas, así como para la recolección y análisis de información orientada a estructurar alternativas, tomar decisiones y anticipar sus posibles consecuencias.

La economía clásica confiaba en la posibilidad de ser plenamente racionales en nuestras decisiones. Luego la sicología y la economía conductual, entre otras disciplinas, demostraron que somos menos racionales de lo que creíamos y que tal capacidad tiene limitaciones. Mencionaré dos de ellas acerca de las cuales la literatura científica nos ha dado amplias explicaciones y que bien vale la pena tener presentes en estos tiempos.

En primer lugar, al tomar decisiones, por ejemplo, alrededor de la estrategia en las empresas, es natural que procuremos una alta racionalidad. Sin embargo, no siempre las decisiones que parecen racionales arrojan los resultados esperados bien porque tenemos información incompleta, o debido a que nuestra capacidad de procesamiento es limitada, o simplemente en razón a que la dinámica impredecible del entorno cambia las variables claves y lo que ayer parecía razonable hoy ya no lo es.

Puede suceder también que, de una decisión en apariencia racional, se desprendan efectos secundarios inesperados lo cual demerita su racionalidad. Por más racionales que deseemos ser, siempre habrá cabos que quedarán sueltos. En segundo lugar, en nuestro software innato habitan los llamados sesgos y atajos. Otro tema acerca del cual varios ganadores del premio Nobel nos han ilustrado.

Al tomar decisiones nos acosan trampas como la evidencia confirmatoria, seleccionamos de manera no intencional información que conviene a la alternativa que preferimos e ignoramos aquella que la demerita, o la del recuerdo reciente, que nos hace ver toda la información desde una experiencia traumática ocurrida hace poco. Así mismo, el efecto rebaño, que nos hace sentir más cómodos imitando a los demás que siguiendo nuestros análisis propios, o el efecto halo, que nos lleva a explicar los buenos resultados en nuestra gestión y los malos en condiciones ajenas a nuestro control.

Los científicos nos han advertido qué, frente a entornos altamente inciertos como el actual, las fragilidades de nuestra racionalidad se exacerban y quedamos más expuestos a ellas especialmente cuando tomamos decisiones a solas. No se trata de renunciar a la racionalidad, siempre deseable, pero si a la ingenua confianza en la infalibilidad de la razón. Ahora es más posible equivocarnos. Recordemos compasivamente el material del que estamos hechos los seres humanos para convivir, sin angustia, con nuestra racionalidad limitada.

Carlos Téllez
carlos@carlostellez.co

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