Cecilia López Montaño
análisis

Colombia: ¿un país en guerra?

El llamado debe ser a la paz en todas sus expresiones y a enfrentar todos estos conflictos que sí pueden ser abordados.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
marzo 18 de 2019
2019-03-18 08:10 p.m.
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Lo que le faltaba a este país: ser incapaz de salir del círculo perverso de guerra y paz. Es evidente que hay de nuevo una fractura entre quienes quieren consolidar el proceso de paz y aquellos que le cierran la puerta destruyendo los instrumentos para construirlo. Es decir, el Sí y el No en su versión 2019. A lo anterior se suman focos muy claros de enfrentamientos entre sectores de esta sociedad, donde aún permanecen la guerrilla, los desertores de las Farc, líderes del narcotráfico; muchos de ellos entrelazados con paramilitares. También se repite la fractura entre lo rural y lo urbano, parte de la dolorosa historia nacional. Espacios que solo tienen en común estar en guerra, pero de naturaleza muy distinta, aunque como se diría en lenguaje coloquial: guerra es guerra.

Se empezarán a llenar las plazas con los defensores de la paz, y a esta movilización que empieza a madurar, el gobierno no le ha prestado la suficiente atención, sino que está más concentrado en acallar las voces internacionales que le demandan no ponerle frenos al proceso de paz. Pero como siempre sucede, es en el área rural donde la manifestación de inconformidad es más fuerte: asesinato de líderes, de defensores de derechos humanos, de aquellos que protegen a quienes buscan retornar a sus tierras de donde salieron a la fuerza. Pero también muertes por enfrentamientos de sectores que impiden la presencia de la oferta pública, siendo los niños las grandes víctimas.

Para quienes tienen la responsabilidad de evitar estas expresiones belicosas que pueden terminar, tanto en el campo como en la ciudad en nuevas formas de guerra, es bueno hacerles un pequeño recuento de la realidad que deben afrontar:

1. Ley estatutaria de la JEP: las objeciones del presidente Duque a la ley estatutaria que tienen en vilo a la JEP y a todo el sistema de justicia transicional, revivieron el Sí y el No.

2. Gobierno y ONU enfrentados por ley estatutaria de la JEP. Alberto Brunori, representante en Colombia de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, insistió en que la ley estatutaria debe ser sancionada con urgencia y sin dilaciones. El Gobierno Duque responde a través de su embajador de Colombia ante la ONU, “que Naciones Unidas trató de inmiscuirse en asuntos políticos de Colombia y se sale del marco acordado (lo) que es una falta de respeto y una injerencia indebida por parte del funcionario internacional”.

3. Bajo Cauca Antioqueño bajo el control de los grupos paramilitares, las disidencias de las Farc y el Eln. Caucasia, Tarazá, Zaragoza, Nechí, el Bagre y Cáceres, al igual que el sur de Córdoba, “padecen los estragos de la guerra por la coca, el oro y las rutas del narcotráfico”.

4. Movilizaciones indígenas en el Cauca. El paro que lideran cerca de 15.000 indígenas del Cauca y que completa varios días de manifestaciones y bloqueos de la vía Panamericana que une a los tres departamentos del suroeste del país, ya empieza a mostrar sus efectos negativos sobre la movilidad y productividad de la región. Los gremios también se han manifestado pidiéndole al Presidente que se siente a dialogar con los indígenas.

5. Movilizaciones en defensa de la paz: a raíz de las objeciones del presidente a la ley estatutaria y la falta de compromiso con el Acuerdo de Paz, ayer empezaron varias marchas en el país a favor de la paz.

6. Gravísima situación de defensores de derechos humanos y líderes sociales. La ONU pide acciones concretas del Gobierno para la protección de los defensores.

7. Muerte de niños indígenas en el último mes en el Chocó por falta de comida y medicina, debido a que las comunidades donde viven están confinadas por combates entre la guerrilla del Eln y la mayor banda narco del país.

Si el gobierno Duque no quiere perder su gobernabilidad tiene que enfrentar esta realidad a partir de reconocerla y de actuar rápidamente, dejando atrás las confrontaciones innecesarias entre miembros de su partido y los sectores políticos de oposición. La agresividad es tan grave como el desconocimiento de la situación que se viven en amplios sectores de Colombia. Además, es bueno pedirles a los funcionarios del Estado y al gobierno mismo, un mínimo de coherencia. Ante problemas internos se sale a pedir apoyo a instancias internacionales, pero cuando estas reaccionan en contra de lo que el gobierno opina, las descalifican como ha sucedido con Naciones Unidas.

El gobierno está a tiempo de evitar el crecimiento de estas expresiones de inconformidad tan severas que se viven actualmente, y de actuar donde la presencia del Estado es imperativa. El costo de dejar desbordar estas señales de guerra es infinito para el país, pero también para quienes ostentan hoy el poder. El llamado debe ser a la paz en todas sus expresiones y a enfrentar, de manera inmediata, todos estos conflictos que sí pueden ser abordados, en búsqueda de responder adecuadamente, tanto a las demandas legítimas como a aquellas situaciones que debe ser controladas por el Estado.

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