Cecilia López Montaño
Análisis

Cómo generar empleo: pongámonos de acuerdo

Ya sabemos que no basta con que el producto interno bruto (PIB) colombiano crezca más que el promedio de América Latina.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
diciembre 23 de 2020
2020-12-23 08:00 p. m.
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Por fin coincidimos en algo los economistas de las distintas corrientes: el tema crucial es encontrar la forma eficiente de generar empleo decente en nuestro país. De paso podríamos apoyar a otros países de América Latina, que en menor grado también se enfrentan a ese inmenso reto.

Ya sabemos, así algunos no quieran aceptarlo, que no basta con que el PIB colombiano crezca más que el promedio latinoamericano.

También seguimos escuchando análisis en los cuales algunos se adjudican la capacidad de crear empleos y a los cuales los trabajadores colombianos les quedan debiendo el favor. Pero realmente este tema es mucho más complejo.

Como lo plantea Jorge Iván González en un documento que forma parte del trabajo de un equipo que analiza este problema “La economía extractiva no genera empleo”. El fondo del problema del mercado de trabajo en Colombia es ese, su estructura productiva. Mientras el crecimiento obedezca a la dinámica de sectores como el petróleo y otros minerales intensivos en capital y no en mano de obra, será imposible absorber la fuerza de trabajo.

La llamada Transformación Productiva que ha sido más un discurso que una verdadera estrategia para diversificar la economía, debe ser la meta inmediata en el proceso de encontrar ese nuevo modelo de desarrollo que debe surgir del reconocimiento de los costos de la pandemia.

Es en ese contexto que sectores como el agropecuario, como el que más, surge como una verdadera alternativa no solo por su capacidad de generar empleo sino porque el país ha subestimado el hecho de que tenemos todo para modernizarlo: la tierra, siempre y cuando resolvamos ese vergonzoso GINI de casi 0,9; el agua, mal manejada pero un recurso abundante en este país; y la gente, la población campesina probablemente más grande de América Latina.

Adicionalmente, muchos lo han dicho: es la agroindustria la que tiene una gran posibilidad precisamente por su vínculo con la producción agropecuaria y por el potencial de la demanda mundial de alimentos. No es el único sector sin duda, pero ha sido el que especialmente en este gobierno ha cargado con varias cruces.
La primera es haber sido el Punto Uno de La Habana en un gobierno que sigue en guerra.

La segunda es que toca ese feudalismo que sigue dando grandes réditos en este país e íntimamente vinculado a esa política perversa que domina vastas regiones de Colombia.

La tercera, la brecha rural urbana que lejos de reducirse se incrementa ante la ausencia de bienes públicos que termina ofreciendo una mano de obra con características muy rezagadas.

Y en este sentido entra otra variable con frecuencia muy olvidada cuando se trata no solo de generar empleo decente sino de reducir la informalidad: la política social, educación, salud, seguridad social, nutrición, y todo lo demás que permite cohortes de trabajadores con similares competencias.

Pero mientras el capital humano presente esas inmensas brechas y la formación de trabajadores in situ no sea una estrategia empresarial y del Estado, así se aumente la demanda de mano de obra seguiremos teniendo trabajadores que solo encuentran en la calle y en la informalidad su forma de generar ingresos.

Sin duda, muchos otros factores intervienen en la generación de empleo como los costos de la mano de obra, su productividad que también depende del capital invertido en la producción y obviamente de la tecnología, pero olvidar el papel crucial de la estructura productiva del país es un gravísimo error.

Por ello, atribuirse los empresarios el poder total de generar empleo es no solo prepotente sino incorrecto.

Para empezar esta discusión, es necesario abrir el debate no solo en términos de las variables a considerar sino de los actores que deban participar. Pero estos análisis apenas empiezan y la Misión de Empleo y los planteamientos de su jefe, Santiago Levy, van a dar mucho de qué hablar, entre otras cosas porque ignora el drama del trabajo rural y sus inmensas implicaciones sobre esa creciente brecha que separa a las ciudades del campo colombiano.

Llegó la hora de empezar a tratar de ponernos de acuerdo sobre temas que son evidentes y uno de ellos es la importancia del tipo de desarrollo productivo que tenemos y sus implicaciones sobre la meta de generar empleo.

Sin embargo, se sigue afirmando que el futuro de la economía colombiana depende del petróleo. Pongámonos de acuerdo y empecemos el 2021 con los debates que tocan. Mis mejores deseos por un 2021 distinto.

Cecilia López Montaño
Exministra.
cecilia@cecilialopez.com

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