Cecilia López Montaño
análisis

¿Fracasó también la política social?

Las políticas económica y social han fracasado nada menos que en el objetivo de lograr un país más igualitario y justo.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
octubre 25 de 2020
2020-10-25 07:26 p. m.
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Las cifras reveladas por el Dane en las últimas semanas reflejan muchas realidades que se deben empezar a analizar de inmediato con objetividad.

Se ha estado subestimando la pobreza en el país porque se han ignorado por años, los cambios en las necesidades reales de la población pobre. Ya no son solo los alimentos las únicas prioridades de consumo de estos sectores, sino que la vivienda, los servicios públicos son parte fundamental de sus demandas básicas y estos precios han subido de manera significativa.

Aceptar esa nueva canasta de consumo prioritario implica que Colombia tiene unos niveles de pobreza muy superiores a los que han servido para declarar exitosa la política social de este país. Un 34,7%, es decir más de una tercera parte viviendo bajo la línea de pobreza en 2019 antes de la pandemia, no se compadece de ninguna manera con el nivel de desarrollo de nuestro país que se ubica como uno de ingreso medio.

El pánico debería tener desvelado al Gobierno porque ya se pronostica debido a la crisis de la pandemia, Colombia puede llegar, si no lo ha hecho ya, a tener más de la mitad de la población viviendo la precariedad de la pobreza.

La pregunta obvia que ya se empiezan a hacer muchos economistas es por qué si se suponía que nuestra economía se estaba comportando mejor que la mayoría de los países de América Latina, especialmente en los últimos años, estos beneficios no llegaron a los sectores que más lo necesitan. Por el contrario, crecimiento positivo y mayor concentración de ingreso demuestran que algo muy grave está fallando en la política pública de este país.

Caben muchas explicaciones que deben empezar a plantearse, pero una que no se ve aun entre los economistas especialmente los ortodoxos que creen que todo se debe limitar a las variables macro, es la debilidad de la política social de este modelo que hace agua en medio del Covid-19.

Desde hace 30 años, con el Consenso de Washington, la histórica subordinación de la política social a la política económica se hizo mucho más evidente. Pero además, se impuso la idea hoy claramente errada, de que el único problema real era la pobreza y que esta se resolvía con limosnas a los pobres, las famosas Transferencias Condicionadas, Familias en Acción, Jóvenes en Acción y “Viejitos en Acción”, Colombia Mayor, BEPS.

La primera señal de que esta política tenía profundas debilidades se ignoró por décadas y solo salió a la luz cuando la pandemia puso a correr al gobierno colombiano que no sabía que existían los “vulnerables”, aquellos que salieron de la pobreza, pero que solo encontraron en la calle su manera de sobrevivir.

Así, al mirar la historia de cómo nacieron estos subsidios la crítica hecha por muchos sobre las falencias de no incorporar elementos productivos en esta política, fueron totalmente acalladas y las consecuencias ignoradas.

Por ello, los vulnerables, 39% de la población antes de la pandemia, no pudieron insertarse exitosamente en los sistemas productivos del país.

Sin embargo, para salvarse de la crítica, empezando por el BID, los declararon clase media cuando precisamente su definición, realizada por la CEPAL, es que a diferencia de este sector, los vulnerables tienen una altísima posibilidad de caer nuevamente en la pobreza. Hoy son parte de los nuevos pobres, póngale la firma.

Pero hay más. Otra de las fallas enormes de esta política social que impulsó solo la demanda por educación y salud se sectores pobres, es que ignoraron la oferta, esa educación y salud precaria que incide sobre el tipo de mano de obra que tiene que enfrentarse en el mercado laboral formal, muy reducido, además, a los mayores niveles de capital humano de las clases privilegiadas. Nada o muy poco se hizo en estos campos: siguió la premisa de educación y salud pobre para los pobres. Las brechas, lejos de reducirse se incrementaron.

Debe mencionarse algo adicional que no recibió la más mínima consideración por parte de los economistas. Al focalizar los subsidios en las mujeres del hogar se reforzaron sus labores de cuidado, lo que ha impedido su entrada al mercado laboral, limitando de esta manera sus posibilidades de lograr su autonomía económica.

Además de este freno a la equidad de género, se agrega otra crítica a esta estrategia: muchos han considerado que ha sido un incentivo para que esta población se quede en la inactividad o trabaje en la informalidad para no perder estos subsidios, dado que ninguna de sus modalidades ha tenido verdaderos esquemas de graduación. ¿Se creó una clase social cuya profesión es ser pobre?

Contrario a lo que muchos economistas plantean, la reducción de la pobreza no se logra solo con mayor empleo para este inmenso grupo de población. La política social tiene también un alto grado de responsabilidad y por ello se exige un cambio de fondo en el enfoque ha predominado hasta ahora.

Una razón es obvia: el mercado de trabajo es la interacción tanto de la política económica como de las estrategias sociales. Por los resultados, ambas han fracasado nada menos que en el objetivo de lograr un país más igualitario y justo.

Cecilia López Montaño
Exministra.
cecilia@cecilialopez.com

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