Cecilia López Montaño
análisis

Las dos caras del salario mínimo

Es clave decidir prioridades, y esto le corresponde al Estado. Tanto empresarios como trabajadores tienen sus propios intereses y argumentos opuestos.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
diciembre 09 de 2020
2020-12-08 07:01 p. m.
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Sin duda la negociación de salario mínimo que se desarrolla actualmente será la más difícil de las que se realizan cada fin de año en el país.

Las razones son absolutamente obvias, vivimos la peor crisis de los últimos cien años de manera que esta discusión tiene que ser muy distinta a las que se han realizado de manera casi rutinaria todos los diciembres.

Por ello es fundamental empezar a analizar algo que con frecuencia la gente ignora: los salarios tienen dos caras. Por un lado, son un costo para quienes contratan mano de obra, pero por el otro son ingresos de una población que no puede ahorrar, sino que los destina a demandar bienes básicos.

Cuando se escuchan los argumentos del sector empresarial siempre insisten en esa primera cara y esas son las mayores explicaciones para plantear menores alzas de las remuneraciones a la mano de obra, insistiendo que esos incrementos disminuirán la creación de empleo.

Es decir, los salarios son simplemente costos y parecería que se olvida que precisamente ese trabajo que aportan quienes son contratados genera productos que finalmente se convierte en ingresos para quienes contratan esos trabajadores.

Pero la otra cara de los salarios, como se mencionó, es que precisamente esos ingresos que van a los sectores pobres se dedicarán fundamentalmente al consumo de esos bienes básicos que requieren para su subsistencia, muchos de ellos producidos por esas mismas empresas. Es decir, generan demanda.

Otro argumento que no puede olvidarse es que muchos precios se ajustan con estos incrementos del salario lo que sin duda afecta la capacidad de compra de buena parte de los colombianos. Inflación y productividad son dos criterios básicos en esta discusión. La primera está en el piso de manera que el argumento de que el incremento de estos salarios puede generar alzas indeseables en los precios no tiene mayor peso en este momento, y sobre la productividad, en medio de esta recesión de la economía es normal que haya decrecido como la de todos los factores de producción.

Un elemento que debe pesar más que antes tiene que ver con la situación actual en la cual la reactivación va muy lenta a pesar de haberse abierto casi todos los sectores productivos.

Se evidencia claramente que hay una crisis de demanda de manera que no ha sido suficiente estimular prioritariamente la oferta. Por ello lo que pueda estimular la compra de bienes y servicios es mucho más crítico hoy que antes cuando se vivía una situación de crecimiento de la economía.

El conjunto de estos y otros elementos hacen que llegar a un acuerdo entre empresarios, trabajadores y gobierno sobre cual debe ser el incremento en el salario mimo es más o menos lograr la cuadratura del círculo. Es fundamental decidir dónde deben estar las prioridades y esto le corresponde al Estado porque tanto empresarios como trabajadores tienen sus propios intereses y por consiguiente sus argumentos que son opuestos. Un elemento adicional, que no se menciona, es el hecho de que la crisis ha golpeado a todos los sectores, pero la dimensión de la pérdida es muy distinta entre los actores que participan en esta decisión.

Las empresas, especialmente las grandes y los productores representados en el gremio rural, han acumulado ganancias por décadas y por lo tanto muchos de ellos, en un sistema capitalista como el colombiano, tienen músculo financiero para soportar estos meses de recesión.

Esta no es la situación de los trabajadores que reciben el salario mínimo. Es cierto que muchos no tienen siquiera ese nivel de remuneración dada la dimensión de la informalidad que hoy puede haber superado fácilmente más de la mitad de los trabajadores. ¿Pero la solución es entonces nivelar por lo bajo? Es al Estado al que le corresponde esta decisión porque su mandato es precisamente lo contrario.

Finalmente, debe señalarse que se empieza a notar inclusive entre economistas y ex ministros, que se refieren a la generación de empleo como si se tratara de una obra de caridad.

Por ello su propuesta de pagar a los nuevos trabajadores el 80% del salario mínimo supone que darles trabajo es un favor que exige su sacrificio y olvidan que el trabajo tiene un valor porque produce y ese producto le genera ingresos a quienes contratan mano de obra.

Esta decisión, que seguramente terminará en manos del gobierno, ojalá tenga la objetividad que se requiere y no se incline como generalmente lo hace, por la posición de los grandes empresarios. Los niveles de pobreza e indigencia que han llegado a proporciones impensables en un país como Colombia que presume de ser de ingreso medio, deben ocupar un lugar prioritario en esta decisión.

Cecilia López Montaño
Exministra.
cecilia@cecilialopez.com

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