Cecilia López Montaño
Análisis

La economía: seamos realistas

Se ha desconocido históricamente el contenido social de la política económica.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
agosto 25 de 2019
2019-08-25 05:00 p.m.
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Si en algún tema y en algún momento se exige ser realista, es sobre la situación de la economía colombiana no solo ahora sino en el inmediato futuro. Solo analizar la coyuntura no es suficiente porque el mediano y el largo plazo empiezan desde ya.

Muchos de los analistas económicos siguen cometiendo el mismo error: limitarse al momento actual y no mirar el futuro próximo y menos aún el lejano.

Pero además se contentan con poco. Fiesta porque crecimos al 3%... ¡Por favor! Con esos niveles será imposible, en medio de las dificultades tanto internas como internacionales, romper esas barreras que impiden el ritmo y tipo de crecimiento que este país requiere.

Con respecto al nivel de crecimiento, con 3% anual estamos lejos de nuestro promedio histórico, 4%.

Pero aun con esa tasa de crecimiento, Colombia no se convirtió en una sociedad más igualitaria, con presencia del Estado en todo su territorio, con niveles de pobreza del 10% y no del 30% y sin población vulnerable, sino con una clase media del 60% o 70%.

Es decir, esa expansión de la economía no ha sido suficiente, así muchos colegas hablen de la gran modernización de Colombia en las últimas décadas.

Sí es cierto que nosotros, privilegiados, vivimos en el siglo XXI, pero el 70% restante sigue pobre o vulnerable, regado por todo el país y especialmente en zonas rurales. Millones de la llamada población dispersa, viven en el siglo XVII, pero eso no importa. Qué insolidarios somos los economistas, porque para muchos, esos temas se ponen al final de nuestros análisis como una lejanísima preocupación.

Cuando se trata de acelerar el crecimiento, las propuestas que vienen sobre todo de los empresarios tienen serias deficiencias, pero como estamos en su pleno reinado, el Gobierno hace mutis por el foro.

Qué más se requiere para que se acepte el inmenso costo económico y social del abandono del sector rural y especialmente de la producción campesina; el alto precio de no tocar la absurda concentración de la tierra y de la permanencia del ineficiente feudalismo en el campo.

Se ha dicho en todos los tonos, se ha demostrado con estudios serios de especialistas y en recomendaciones claras de la FAO, que Colombia tiene un inmenso potencial si desarrolla la producción de alimentos para responder a la creciente demanda mundial.

Pero se desprecia esa posibilidad porque implica hacer esas profundas reformas que tocan intereses de unos pocos que ahora tienen además un inmenso respaldo político. Tal y como está el debate económico actual, para ser francos, solo un milagro nos salvaría de no seguir en la mediocridad del crecimiento económico actual.

Algo similar podría afirmarse del sector servicios, donde existen grandes posibilidades no solo para crecer, sino para generar empleo. Pero pareciera que se acepta que estas actividades no nacieron para competir internacionalmente sino que deben seguir llenas de informalidad y ahora de venezolanos mal pagados, con productividades mínimas.

Se ignora que muchas de ellas, como las relacionadas con turismo, requieren de eso que no tenemos: buena infraestructura y oferta de mano de obra mejor preparada que la que existe actualmente. Más aún, con empresarios que no se limiten a crecer y enriquecerse, exprimiendo a quienes trabajan para ellos.

Con respecto al tipo de crecimiento. Así no se quiera aceptar, el modelo actual del país se ajusta cada vez más al denominado “crecimiento sin empleo”, jobless growth, con las graves consecuencias para un país en el cual los niveles de ingreso de la población trabajadora son tan bajos.

Según el Dane, dos tercios de los hogares colombianos reciben ingresos per cápita inferiores a un salario mínimo, mientras en la clase media, equivalente al 30,9% de los hogares, reciben máximo 3 millones de pesos, es decir, 4 salarios mínimos per cápita.

A esto se agregan las profundas brechas que se identifican en Colombia: brechas regionales como en el caso de pobreza multidimensional, donde Bogotá tiene el 4,3% de la población en esa situación y el Pacífico tiene el 33,3%; la brecha rural-urbana, la más grave del país; la brecha de género, donde las mujeres reciben en promedio salarios 17% inferiores a los de los hombres.

Se ha desconocido históricamente el contenido social de la política económica, es decir el impacto que sobre la población tienen decisiones de autoridades que manejan la economía.

En el fondo, especialmente ahora que se supone que son los empresarios los que generan desarrollo y los que tienen la última palabra, el viejo concepto de que basta con crecer porque así les llegarán algunos beneficios a los sectores pobres, ha vuelto a tomar fuerza.

En síntesis, cuando el mundo cuestiona la forma que tiene el capitalismo actual, que ha profundizado las desigualdades entre y dentro de países, y se menciona que llegó la hora de buscar formas para redistribuir la riqueza, en Colombia la vieja fórmula de primero crecer el pastel para luego distribuirlo parece haber tomado nuevas fuerzas.

La idea de empezar por lograr equidad con un sistema tributario realmente progresivo y no dejarle solo al gasto social la tarea de lograr equidad, en Colombia ni se menciona. De nuevo, lo que se plantea en este país es cómo bajarles los impuestos a las empresas porque son realmente el motor de desarrollo.

Además, después de 30 años de flexibilizar el mercado laboral con los resultados actuales, la solución del sector empresarial es flexibilizarlo aún más, lo que conlleva a reducir los ingresos de los trabajadores o aumentar su inestabilidad laboral.

El debate sobre cómo lograr un crecimiento incluyente y además sostenible ante los temas cruciales que se derivan del cambio climático y de la riqueza en biodiversidad no están en el centro de discusión de los economistas con voz.

Por ello, como estos debates no siempre tienen consecuencias inmediatas sino de más largo plazo, el tema no es parte de la prioridad de los analistas sobre la coyuntura.

Es necesario señalar que las comparaciones con otros países latinoamericanos sí ubican la situación colombiana como mejor en el corto plazo, pero olvidan en qué momento se encuentra Colombia.

Acabamos de firmar un acuerdo de paz con las Farc y debemos consolidarlo. Por decir lo menos, tenemos menos tiempo que nuestros vecinos para cambiar el ritmo y naturaleza de nuestro desarrollo.

Cecilia López Montaño
Exministra
cecilia@cecilialopez.com

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