Cecilia López Montaño
Análisis

Lo que faltaba: la economía

Lástima que ya no nos reconocemos como el país del Sagrado Corazón, porque sería muy oportuna una ayuda divina, así sea pequeña.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
marzo 14 de 2020
2020-03-13 10:36 p.m.
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No hay un solo lugar en el mundo donde la gente esté tranquila porque si hay un tema que afecte el bienestar, es la realidad del rápido empeoramiento de la situación económica de los individuos, de las sociedades y del mundo.

Esta globalización está mostrando sus dientes con dolorosas consecuencias, porque a diferencia de las otras que ha vivido el mundo, esta se caracteriza precisamente por lo que hoy sufrimos: los males globales. Nunca había existido la posibilidad de que todo el planeta se enfrentara a que un virus, el Covid-19, generara esta sacudida tan violenta a la economía mundial.

La demanda por petróleo se redujo fuertemente, especialmente en China su gran consumidor, por el freno de actividades como turismo, y en general, la producción.
Pero también se afectó Italia que está paralizada y ya empiezan a cancelarse eventos internacionales que movilizaban gente y recursos. Se ha dado un claro choque de oferta.

Obviamente se sumó la incapacidad de dos de sus grandes productores Arabia Saudita y Rusia, para llegar a acuerdos y reducir oferta y por el contrario se enfrascaron en esta guerra de precios. Hoy el petróleo está en niveles que no se veían desde 1991.

Pero en lo que a Colombia se refiere, le pasó lo que le faltaba: a su gran y justificado pesimismo, a estos escándalos que demuestran la crisis de nuestra democracia, se le suma no solo el no ser inmune al virus que aun levemente empieza a frenar la actividad productiva, sino que su economía, lo poco que mantenía el optimismo, cae en un serio problema que obviamente el gobierno no puede reconocer de frente por varias razones.

Nunca puede un ministro de Hacienda ayudar a que se cree más pánico del que existe porque las expectativas golpean muy duro a los motores del crecimiento, la inversión y la demanda interna en nuestro caso. Pero además, la verdad es que las autoridades económicas no tienen mucho margen de manejo.

Sin embargo, las cifras muestran la complejidad de la situación colombiana. Los costos ya se saben que vendrán por el lado de serios recortes en recursos fiscales lo que le quita oxígeno al gobierno y perjudica a quienes necesitan el gasto público para sus actividades y sus vidas.

A esto se suma, el recorte de ingresos fiscales por baja de impuestos a grandes empresas de la Ley de Financiamiento. Aumenta el déficit en la Cuenta Corriente que ya es el más alto de América Latina y que nos puede bajar nuestra calificación para atraer inversiones y negocios internacionales.

Pero tal vez, lo que más afectará a la gente es que el dólar se disparó por reducción de ingresos del petróleo lo que se agrava por la mayor demanda de dólares que se querrán invertir en papeles seguros porque las bolsas están en picada y en esos casos los Bonos del Gobierno americano son la mejor inversión. Pero lo que más impresiona a muchos es que como se encarecen las importaciones, se sube mucho el costo de la canasta familiar lo que puede disparar la inflación que ya está en el límite superior fijado por el Banco de la República.

Es evidente que el gobierno no se puede quedar quieto e internamente tiene que tener listas operaciones de emergencia; dónde van a recortar gastos por ejemplo; que decisiones promover frente a la Regla Fiscal y como en caso de que se necesite, buscar opciones de financiamiento. Es decir, es al gobierno y al Ministerio de Hacienda a quienes les corresponde minimizar los costos de esta situación.

La lección más importante no puede soslayarse. Pagaremos el costo de depender de un solo “commodity”, el petróleo, en el cual no incidimos en el precio pero sí recibimos los efectos de su gran reducción de precios al bajar de 67 dólares que estimó Hacienda a US$ 34 o menos.

Poco se ha mencionado sobre los oídos sordos de este gobierno frente a la transformación del campo hoy en franca caída, siendo este el único sector que realmente puede ser el gran dinamizar de nuestras exportaciones.

Pero el hecho de ser el punto uno de la Habana y tocar los históricos intereses de la clase latifundista del país, llevó a esta Administración a ignorar los resultados de la Misión que a finales del 2015 le entregó al país una agenda de acción para recuperar este sector. Por el contrario, la política rural de este gobierno muestra que el peor desempleo nacional se da precisamente en el campo.

Esta difícil realidad era lo que le faltaba a este país sumido en un gran pesimismo y en medio del último escándalo que afecta de manera clara la percepción del país sobre la forma como se llega al poder.

Una democracia en crisis es lo que tenemos y ahora se suma una economía en problemas.

Queda la esperanza de que se dé un rebote en los precios del petróleo, lo que haría menos dura nuestra situación. Lástima que ya no nos reconocemos como el país del Sagrado Corazón porque sería muy oportuna una ayuda divina, así sea pequeña.

Cecilia López Montaño

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