Cecilia López Montaño
análisis

Que no salten más liebres

El presidente Duque no la tiene nada fácil. Entre otras, porque en política económica: su principal opositor es su propio partido. 

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
septiembre 23 de 2018
2018-09-23 04:45 p.m.
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Colombia es un país muy difícil de manejar y más para un equipo que tiene poca experiencia para moverse exitosamente en este enredado campo de la política colombiana. Adicionalmente, debe reconocerse que a los problemas de siempre que vive un país en desarrollo, deben agregarse los propios de un periodo de posconflicto. 

Un posconflicto que tiene el gran reto de superar las heridas del conflicto armado más largo de América Latina. Este es un momento que para cualquier país que ha vivido una confrontación armada, no ha sido fácil. Demasiadas expectativas se crean; demasiadas demandas de quienes vieron su vida afectada durante tantos años, ponen al gobierno respectivo y a todo el Estado en una situación crítica, en la cual se siente como nunca un principio económico fundamental: los recursos son escasos.

Todo lo anterior y mucho más para afirmar que el presidente Duque no la tiene nada fácil. Entre otras, porque está sucediendo algo insólito en la política económica: su principal opositor es su propio partido, el Centro Democrático, algo que se dice mucho, pero que pocos pueden saber a ciencia cierta lo difícil que es. Pero en medio de un clima complejo como el actual, sí hay problemas que deben evitarse ejerciendo el poder que todo presidente de la República tiene sobre su equipo. Un equipo joven, algunos de ellos muy cercanos al mandatario y otros que se sorprendieron al recibir sus nombramientos y que deben sentirse muy agradecidos.

Pero resulta, y este es un punto que tiene remedio –pero que sería muy grave si se continúa presentando–, que sus altísimos funcionarios confirman cada día más que actúan como rueda suelta dentro del gobierno. Algunos temas en los cuales los ministros han cometido errores tienen implicaciones nacionales, y basta con una aclaración desde la Presidencia o alguien del alto gobierno para remediar el error. Sin embargo, los últimos acontecimientos que son de relaciones internacionales del país, nada menos que con el vecino, Venezuela, ya son arena de otro costal. Ahora resulta que su Canciller, y nada menos que su recién posesionado embajador en Estados Unidos, han hecho declaraciones que no ayudan para nada a un gobierno que apenas se está organizando y cuya carta de navegación en la diplomacia, aún no está muy clara.

No firmar el acuerdo de países vecinos rechazando cualquier intervención en Venezuela, causó mucha preocupación, así el Canciller tratara después de sacar las castañas del fuego. A este evento confuso se suman las explosivas declaraciones del nuevo embajador en Estados Unidos, Francisco Santos, abriendo la posibilidad de una intervención no precisamente diplomática en Venezuela. De inmediato el presidente Duque salió a afirmar que él “no tiene un espíritu belicista”. Un presidente que permanentemente tiene que rectificar las palabras subidas de tono de sus ministros no solo se está colocando en una situación incómoda para él como Jefe de Estado, sino que es una muestra contundente de la falta de coordinación entre el equipo de gobierno. Ese equipo, presidente Duque, necesita coherencia, una línea del gobierno que solo usted puede darles. Para lograr unificar posiciones existen todas las instancias posibles, desde los acuerdos semanales e individuales con cada ministro y alto funcionario con el presidente, hasta los consejos de ministros y el Conpes.

Como el gobierno apenas empieza, es bueno llamar la atención del presidente Duque, porque definitivamente su papel como apagador de incendios cada vez que salta la liebre por una de las tantas imprudencias de sus subalternos, es el papel más desgastador, menos eficiente y, por consiguiente, de altísimo costo para la figura presidencial y para el gobierno en general. Claro que los ministros siempre se han definido como fusibles. Es decir, los que pagan el pato cuando se cometen grandes errores, porque la imagen del presidente debe resguardarse. Pero aquí y ahora, el problema es otro: los que están causando los incendios son los funcionarios, de manera que el presidente responde cada vez para enderezar lo dicho, pero aparentemente sin identificar que este no debería ser su rol.

Una respetuosa sugerencia: primero, se necesita aceptar que esta dualidad entre el partido que está en el poder, el Centro Democrático, y el gobierno que muchos querían ver, se está convirtiendo en una fuente de gran desgaste para la administración. Segundo, los ministros, o no han recibido la línea primordial del presidente o creen que cada uno es una rueda suelta. Esos dos frentes deben resolverse porque el nuevo gobierno se está debilitando inútilmente. Claro que estar cerca de la gente es importante, pero la prioridad es el norte hacia donde deben dirigirse esos esfuerzos del equipo de gobierno. Desafortunadamente, su ‘legado’ como afirman varios analistas, no existe aún y se le está haciendo tarde para plantearlo señor presidente Duque.

Cecilia López Montaño
Exministra - Exsenadora

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