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Cecilia López Montaño
análisis  

Qué pasa con la industria colombiana

Lo grave del ‘fracking’ no es el costo ambiental únicamente sino que con una mayor oferta se postergará la posibilidad de impulsar otros sectores.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
septiembre 03 de 2019
2019-09-03 06:39 p. m.
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En un reciente informe de Portafolio se plantea un serio problema de la industria colombiana que no parece preocupar, como debería ser, a los gremios de la producción que la representan en el país.

Más aún, tampoco el gobierno parece entender realmente donde están los problemas de este sector productivo y su falta de capacidad exportadora, el poco empleo que genera y muchos de los problemas que el gobierno cree remediar reduciendo los impuestos a las empresas.

El informe elaborado por una Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), afirma que Colombia depende básicamente de la exportación de materias primadas: “en la actualidad, la dependencia del país de este tipo de ventas hacia el exterior, que incluye energía, minería y productos del agro sin transformación alcanza el 80,6% del total de exportaciones”.

No solo este dato es demoledor sino que este indicador se ha empeorado en los últimos años porque según cifras de la ONU entre 1998 y 2002, esta cifra era solo de 66,5%. Ese deterioro en la exportación de bienes exportables elaborados no parece estar en las preocupaciones de los industriales y menos del gobierno actual.

El tema obvio es por qué ese tipo de industria que transforma materias primas agregando valor no se ha desarrollado en el país. Esto sorprende porque muchos analistas internaciones incluyendo organismos internacionales como la FAO, han identificado el sector de la agroindustria como el que presenta el mayor potencial en Colombia en términos de su capacidad de llegar a mercados mundiales.

Sin embargo, como su desarrollo depende de un sector rural productivo y esto a su vez implica que se concrete la postergada gran reforma rural que los dueños de la tierra, los ganaderos y los señores feudales del campo no permiten que se realice, el país sigue exportando materias primas como cualquier nación del Tercer Mundo.

No es simplemente una frase cuando varias analistas hablan en el caso colombiano, de la globalización hacia adentro, es decir, que importamos del resto del mundo pero le vendemos poco.

Que el feudalismo rural impida esta transformación, lo que de hecho tiene unas explicaciones absurdas, vaya y venga, pero lo incomprensible es que la industria con tanta voz, con tanto poder, que opinan de todo como si fueran los “únicos responsables del desarrollo nacional”, no apoyen la gran transformación productiva del campo colombiano es incomprensible.

El costo que están pagando por eso es supremamente alto y de paso el país. Un campo moderno también dinamiza ese turismo rural tan de moda que genera además divisas. Por el contrario, y ahí está su falta de visión, es que de alguna manera por acción u omisión los industriales se ven más cercanos a los intereses de los terratenientes que de la necesidad de apoyar esa dinámica rural que los beneficiaría. ¿Solidaridad de clase? Ojalá no sea así.

A raíz de las denuncias de este informe que demuestra el atraso del sector exportador colombiano y por ende de la industria que debería estar orientada hacia mercados internacionales, es necesario que este sector secundario cambie su agenda.

Pero tal vez lo más importante por las repercusiones que puede tener, es que cambien la naturaleza de las demandas que permanentemente le hacen al gobierno de turno.

Así les sigan bajando los impuestos como en esta Administración, si no se replantean sus esquemas de producción y no generan cambios sustantivos y si no identifican cuales son las interrelaciones que requieren con otros sectores para diversificar la oferta exportadora, la industria colombiana permanecerá atrasada.

No debe ser la primera vez que se plantean estas inquietudes pero como hasta ahora no se ven cambios, ojalá este Informe de Naciones Unidas sí cause alguna inquietud y genere replanteamientos en los dos sectores involucrado, industria y gobierno.

Así mismo, los responsables en el Estado de este tema deben abandonar su discurso simplista, porque en vez de lograr posicionar al país en los mercados internacionales y competir con éxito internamente con las importaciones que tienen invadido al país, empeorarán problemas como la baja competitividad de sus productos y la poca capacidad de generar empleo de la industria actualmente. Y lo pero está por venir.

Lo grave del fracking no es el costo ambiental solamente sino que con una mayor oferta exportadora de petróleo se postergará indefinidamente la posibilidad de impulsar otros sectores productivos que sí generan empleo y bienestar a poblaciones hoy marginadas. Pero lo preocupante es que lo cómodo es seguir exportando commodities y a eso le están jugando tanto la industria como el gobierno.

Cecilia López Montaño
Exministra
cecilia@cecilialopez.com

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