Cecilia López Montaño
análisis

¿Será fácil el 2018? Depende...

Cuáles son las cualidades de un presidente o presidenta para que pueda combinar la mano firme con los ilegales y la mente abierta para acoger a quienes prefieren la política a las armas.

Cecilia López Montaño
POR:
Cecilia López Montaño
diciembre 19 de 2017
2017-12-19 08:05 p.m.
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Con razón, siempre se ha afirmado que los economistas solo son buenos para explicar el pasado porque son pésimos para predecir el futuro. Sin el ánimo de ser ninguna excepción a esa regla, la verdad es que puede haber un factor determinante para que el próximo año sea un poco mejor que el 2017, en el cual, con excepción de la firma del Acuerdo Final entre el gobierno y las Farc, generó más zozobra que tranquilidad.

Merece plantear la naturaleza de este tema porque parecería que no se le está dando la importancia que tendrá para uno de los años cruciales de esta década, si no lo es, de la mitad de siglo. Se trata nada menos de la importancia que tendrá para ese difícil periodo que se avecina, las características de quien salga finalmente elegido presidente o presidenta de Colombia.

Basta con analizar seriamente los compromisos adquiridos por el Estado colombiano en el mencionado acuerdo, que se replicará si finalmente el Eln se toma en serio la negociación con el Gobierno. Pero hay mucho más. No se trata solo de que se termina el año con la rebaja en la calificación de Standar & Poor’s, sino de que se sigue perdiendo un tiempo irrecuperable para aceptar que no es el comportamiento de los mercados mundiales el que definirá si la economía colombiana crece o no a niveles del 4 por ciento anual, que ahora vemos como ideal y que antes nos parecía insuficiente. Llegó la hora de la verdad y es absolutamente claro que no se puede seguir viviendo de bonanzas, por muy bien manejadas que sean.

O se empieza a construir seriamente una base productiva que compita con los precios internacionales tanto en los mercados globales como en los internos, o no saldremos de estos momentos de bajo crecimiento económico, con las profundas consecuencias políticas y sociales que se desprenden. Nadie sensato va a proponer cerrar aún más esta economía, para que se llenen de oro los ineficientes, como ha sucedido a través de la historia, frente a la realidad de la globalización del mundo.

Recuperar nuestra capacidad productiva depende claramente de la reactivación del campo que impulsará la agroindustria, porque a otros sectores industriales solo se les escucha sus lamentos. Mundialmente, se nos reconoce como uno de los siete países que puede producir los alimentos para los 9 mil millones de personas que pronto tendrá este mundo. Es el campo y los procesamientos industriales, cuyos insumos vienen del área rural, en los cuales nuestras ventajas son evidentes. Pero como afirma Darío Fajardo, es crítico “soltar la tierra”, y además que paguen impuestos los terratenientes y los individuos más ricos del país. Pero, estos dos profundos cambios se enfrentan a la oposición acérrima de quienes más piden que la economía crezca. Y es precisamente allí donde será determinante quien asuma la presidencia para el periodo 2018-2022. Un presidente o presidenta que llegue a este cargo con el apoyo de estos sectores, que, además, han llenado de pesimismo al país, será un verdadero desastre, como lo sería también otro que no tenga la fuerza para enfrentarse a quienes siempre han mandado en esta sociedad. Esta posición en una democracia, por imperfecta que sea, no se logra sino con carácter, argumentos sólidos, gran valor y la convicción de que el poder es para gastarlo en las causas que tocan.

Una segunda barrera está en ordenar esta política social que ha creado una clase de personas cuya profesión es ser pobre. Una estrategia propia de estos tiempos cuando las recetas económicas aplicadas no generan empleo digno y para que no protesten los pobres y dejen gobernar, se les da limosnas, que no valen mucho en términos de los réditos políticos que generan. Pero hay más sobre cómo debería ser la primera autoridad de Colombia para que ese sector privado, que maneja inmensos recursos públicos, se controle y rinda cuentas, o para pasar de estas políticas sociales asistenciales a estrategias universales que les quite el manejo de estos fondos a quienes no tienen costo político. ¿Podrá hacerlo alguien que les deba su elección a los cacaos o gamonales ricos de este país?

Además, se quiera aceptar o no, llegó el posconflicto en medio de focos graves de violencia por narcotráfico, por no ceder la tierra adquirida ilegalmente, por ese paramilitarismo que muchos colombianos llevan en la sangre. Como ya no puede ser a punta de plomo ni de falsos positivos, cuáles son las cualidades de un presidente o presidenta para que pueda combinar la mano firme con los ilegales y la mente abierta para acoger a quienes prefieren la política a las armas. Un guerrerista, definitivamente no. Un blandengue, tampoco. Solo un verdadero demócrata, de esos que tanto escasean en nuestra élite, es quien podrá realizar esa compleja tarea.

El manejo de la agenda global, de las difíciles y subestimadas relaciones internacionales, es otro de los grandes frentes que exige ser reconocido como líder. Nada de dejar este reto solo al Canciller, porque será un tema cada vez más complicado al ser parte de una región que tiene que encontrar nuevos socios frente al debilitamiento de sus relaciones con Estados Unidos.

Si solo se juzgara a los candidatos presidenciales por lo que hasta ahora han mostrado al país, puntos comunes, globos irrealizables, la respuesta a la duda planteada, deja un sabor amargo. Pero amanecerá y veremos ‘porque la campaña apenas empieza’.

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