César Caballero Reinoso
columnista

Clientelistas recargados

La reforma es breve y busca, en esencia: acabar con las listas abiertas, en las cuales se sienten cómodos los políticos manzanillos y clientelistas.

César Caballero Reinoso
POR:
César Caballero Reinoso
octubre 22 de 2018
2018-10-22 08:32 p.m.
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Alargar el periodo de los actuales mandatarios locales es una propuesta que no se hará realidad, pero el solo hecho de que exista nos muestra que los políticos manzanillos y clientelistas se sienten en el ambiente propicio para hacerla.

No pasará por varias razones: primero, los tiempos de una reforma constitucional con efecto para el 2019 son muy estrechos, en el mejor de los casos sería aprobada en junio del año entrante, requeriría modificaciones legales adicionales y entraría en choque directo con la campaña de octubre.

Segundo, pasó en Comisión Primera de Cámara, pero las mayorías no parecen tan claras ni en las plenarias ni mucho menos en la Comisión Primera de Senado, en la cual el gobierno está en minoría. Tercero, aún si pasará, la Corte Constitucional la tumbaría por ser claramente inconstitucional. Todo esto lo saben quienes promueven la medida y creo que hace parte de un cálculo clientelista y manzanillo, en el que su verdadero objetivo no es hacerla realidad, sino tumbar la reforma política.

La reforma es breve y busca, en esencia, un cambio: acabar con las listas abiertas, en las cuales se sienten cómodos los políticos manzanillos y clientelistas. El cambio, que, en mi criterio, debería hacerse y dejar vigente para la elección del 2022, es uno más en los múltiples intentos de diseño institucional para mejorar el sistema político. No sabemos si funcionará, pero vale la pena intentarlo.

La actual estructura de periodos cruzados de gobiernos locales y a nivel nacional, hace parte de un diseño de equilibrio de poderes concebido para abrir un espacio al debate de interés local, por fuera de las dinámicas nacionales. Acepto que no es perfecta y tiene inconvenientes, pero ha sido una fórmula razonable para abrir espacios a fuerzas políticas minoritarias, que en el escenario de un solo ciclo electoral se verían subsumidas por las dinámicas nacionales.

Permite el surgimiento de liderazgos locales, que si son exitosos en dichos niveles pueden luego dar el salto a escenarios nacionales. Si todos los periodos estuvieran unificados, tendríamos olas nacionales que van subsumiendo las dinámicas locales cerrando muchos espacios para fuerzas minoritarias, de derecha, izquierda y centro.

Además, ayuda a dar cierta continuidad a las políticas públicas. Cuando cambian las prioridades del Gobierno Nacional, por ejemplo, en el tema de sustitución de cultivos por la fumigación con glifosato, el Gobierno Central se encuentra con una serie de convenios administrativos y proyectos con departamentos y municipios, que lo hacen reflexionar sobre la conveniencia de preparar mejor el tránsito en la implementación de la nueva política.

En los últimos días, hemos oído voces de senadores que se oponen a esta medida. Ellos provienen de casi todas las coaliciones: David Barguil, del Partido Conservador; Angélica Lozano, de los verdes; Rodrigo Lara, de Cambio Radical, y Luis F. Velazco, del liberalismo. La única excepción es el Centro Democrático, donde su máximo dirigente se opuso a la medida, pero solo para reemplazarla con lo que parece su obsesión personal: la reelección.

​César Caballero Reinoso
​Director de Cifras y Conceptos
ccaballero@cifrasyconceptos.com

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