Publirreportaje

El SITP va sin frenos al colapso financiero

Las deudas del sistema ya aumentan a 3 billones de pesos como consecuencia del incumplimiento de acuerdos previamente pactados.

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DIEGO TORRES, EXPERTO EN TRANSPORTE, MAESTRÍA EN FINANZAS & MBA.

POR:
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diciembre 06 de 2018 - 11:50 a.m.
2018-12-06

El Sistema Integrado de Transporte Público de Bogotá (SITP) fue concebido como la ¨solución perfecta¨ para disminuir el alto grado de accidentalidad en la ciudad, mejorar la movilidad, acabar con la piratería y dar por terminado la famosa “guerra del centavo” en la capital colombiana.

La licitación No. 003 de 2010, fue el banderazo que adjudicó los contratos para la prestación del servicio; dividiendo la ciudad en 13 zonas: 9 sin troncal y 4 con troncal, adjudicando una flota total de 10.177 buses zonales, 568 alimentadores y 336 buses entre articulados y biarticulados. Los contratos de Concesión se firmaron el 5 de noviembre de 2010, con una vigencia de 24 años, es decir, hasta el 2036. El inicio de operación quedó previsto entre octubre y diciembre de 2012.



Para la obtención del retorno de lo invertido y la utilidad de los concesionarios, se pactaron 3 esquemas de tarifa. El primero, la tarifa por kilómetro recorrido, la cual según el cierre financiero y contrato debe cubrir el costo de operación. El segundo, la tarifa por bus, la cual debe pagar el valor del vehículo en operación en 12 años a una tasa interna de retorno (TIR) del 10 por ciento efectivo anual. El tercero, la tarifa por pasajero movilizado en el sistema, la cual debe cubrir los costos de financiación, chatarrización y las utilidades de los inversionistas.

La situación actual del SITP revela que el sistema está compuesto por 10 operadores, de los cuales uno inició quebrado (Coobus), otro se liquidó por falta de recursos (Egobus), 4 más (Suma, Tranzit, Masivo Capital y Recaudo Bogotá) se encuentran bajo la ley 1116 de insolvencia empresarial, y los 4 concesionarios restantes (ETIB, Consorcio Express, Gmovil y Este Es Mi Bus) se encuentran en operación “normal”, pero con serios problemas operativos y financieros.
Esto llevó, a que los 8 concesionarios aún “vivos”, activaran las cláusulas arbitrales de los contratos, con el ánimo de encontrar una salida viable y rápida, ante las graves dificultades que atraviesa el SITP y la negativa del Gobierno Distrital en aceptar o proponer soluciones factibles.
Al día de hoy, se han emitido tres laudos arbitrales; los cinco restantes, están para laudo entre el 2018 y el 2019.

Los problemas que aquejan al SITP son múltiples. Para empezar, el número de pasajeros proyectados en el sistema no se cumple; pues el transporte público colectivo (TPC) sigue operando en la ciudad. Hoy el 50 por ciento es operado por el SITP “provisional” (que no es más que una extensión del TPC) y el otro 50 por ciento es operado por el SITP formal. Además, la tarifa al usuario del SITP “provisional” es inferior a la del SITP y la misma es negociable. Lo más grave, los recursos obtenidos del SITP “provisional”, que lleva operando más de cuatro años, no entran al sistema pues no tienen recaudo abordo. Lo anterior, sin contar el transporte pirata en la ciudad por falta de autoridad de la Alcaldía.


Estos no son los únicos problemas que aquejan al sistema. Se estima que la evasión en el pago al SITP está alrededor del 30 por ciento; el recaudo tiene serias limitaciones de infraestructura que generan problemas en la disponibilidad y recarga de tarjetas, causando que los ciudadanos prefieran tomar otros modos de transporte. De otro lado, los patios operativos definitivos que según el contrato de concesión debieron ser suministrados por el Distrito, en cabeza de Transmilenio, no han sido entregados a los operadores. Y finalmente, la movilidad de la ciudad ha sido la piedra en el zapato para el SITP; pues en los contratos de concesión, se consideró una velocidad promedio para los buses de 20 kms/h, cuando la realidad refleja una velocidad promedio de 12 kms/h. Teniendo como consecuencia una disminución de los ingresos recaudados por los concesionarios.

Todos estos inconvenientes han llevado a que el sistema tenga una obligación con el sector financiero de alrededor de 3 billones de pesos (20 por ciento del costo de la primera línea de metro de Bogotá), deudas vencidas con proveedores de alrededor de 500.000 millones de pesos y unas pérdidas acumuladas de 650.000 millones de pesos.

Es tan grave la situación del sistema, que la flota que está próxima a vencer su vida útil no podrá ser reemplazada debido a que el crédito en el sector financiero está cerrado por obvias razones.

A pesar de las grandes dificultades; existen soluciones que podrían salvar el SITP:

Primero, se debe desmontar y absorber el SITP provisional por el SITP formal. (De esta forma se acabaría con la competencia desleal contra el sistema).

Segundo, se podría redistribuir entre los concesionarios, la flota pendiente de los operadores liquidados Egobus y Coobus.

Tercero, se debe reconocer a los concesionarios el pago de los ¨kilómetros en vacío¨, en los que incurren diariamente en la operación, a consecuencia de la no entrega por parte del Distrito de los patios operativos definitivos.

Cuarto, hay que reconocer a los concesionarios, el pago de la flota de reserva puesto que deben incurrir en gastos adicionales para el alistamiento de los buses con el ánimo de alcanzar los indicadores de cumplimiento exigidos por el ente gestor (Transmilenio).

Quinto, se debe reconocer un mayor valor en la tarifa a los concesionarios que poseen flota euro V, pues estos vehículos son menos contaminantes, contribuyen al mejoramiento del medio ambiente. Y además, son más costosos.

Sexto, se les debe dar carriles exclusivos a los concesionarios, esto mejoraría ostensiblemente la velocidad del transporte público y estimularía el uso de este esencial servicio entre la comunidad que se encuentra ávida de un servicio más eficiente.

Estamos al borde del abismo; y como si de un gran bus sin frenos se tratara; si el Distrito no toma medidas en el inmediato plazo, las consecuencias podrían ser catastróficas. La realidad coyuntural nos pone en evidencia una Bogotá que se podría quedar sin transporte público formal y los efectos no se harían esperar. Se volvería a la guerra del centavo; y además, los operadores del SITP, estarían a finales del año 2019 ante una inminente liquidación por la falta de pólizas de cumplimiento. Quedando la capital del país, sumida en un caos sin precedentes, y bajo un efecto dominó, que afectaría la estabilidad de otros sectores económicos y del orden pacífico mismo.