Ricardo Ávila
Editorial

Bolsonaro: ¿bueno o malo?

Visto como una amenaza para América Latina, el optimismo de los mercados parece estar contando otra historia. Falta ver si ese entusiasmo es duradero.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 09 de 2018
2018-10-09 08:25 p.m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

La victoria de Jair Bolsonaro, candidato de la ultra derecha, en las elecciones presidenciales en Brasil se ha empezado a sentir en los mercados. Si bien faltan varios días para la segunda vuelta (el 28 de octubre), su notable ventaja en las urnas sobre Fernando Hadad, el aspirante del Partido de los Trabajadores, le ha merecido un amplio favoritismo para llegar a la presidencia. Esa expectativa se ha traducido en un aumento del índice de la Bolsa de São Paulo, el real y el precio de los bonos soberanos. 

Semejante optimismo no significa que la posibilidad de Bolsonaro como nuevo presidente esté exenta de críticas. En los últimos días han circulado profusamente los reproches a varias de sus posiciones, que para algunos rayan con el fascismo. Para la muestra, basta con recordar la ocasión en la que dijo que el problema de la dictadura no fue que hubiera torturado, sino que no hubiera matado, o cuando afirmó que prefería tener un hijo muerto que homosexual, o aquella oportunidad cuando le dijo a una de sus colegas en el parlamento que no la violaba porque ella no se lo merecía. Esas posiciones han llevado a que medios y analistas lo califiquen como una amenaza para América Latina.

Sin embargo, el optimismo de los mercados parece estar contando otra historia: la que dice que Bolsonaro es una buena opción para la economía latinoamericana. Hay que recordar que el destino de la región está atado, como pocas veces, al resultado de estas elecciones. Después de ocho años de haber disfrutado de las mieles de un vigoroso ingreso de capitales y abundante liquidez internacional, los países emergentes, entre ellos los latinoamericanos, están abocados a enfrentar un entorno mucho más severo.

Con el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos, los temores del recrudecimiento de una guerra comercial y el enrarecimiento del entorno geopolítico global, los inversionistas están mucho más aversos al riesgo y los recursos son menos abundantes, limitando así las posibilidades de financiar el crecimiento. Esta situación afectará a toda la región, pero especialmente a las economías que registran desequilibrios externos importantes como la colombiana, que aún tiene un déficit en cuenta corriente mayor a 3 por ciento del PIB.

Si los resultados de la segunda vuelta no traen consigo un mejor panorama para la economía brasileña, la aversión de los inversionistas al riesgo de América Latina será aún mayor. Hay que recordar que Brasil viene de sufrir dos años de recesión, que el ingreso por habitante ha caído 10 por ciento, y que el déficit fiscal y la deuda pública están disparadas, con valores que ascienden a 7 y 80 por ciento del PIB, respectivamente. En ese contexto, el próximo presidente debe lograr dos objetivos bastante complejos: garantizar un ajuste fiscal sustancial, que supone una profunda reforma pensional, y a la vez generar las condiciones necesarias para que la economía retome una senda de crecimiento vigoroso.

Quienes han seguido de cerca la trayectoria de Bolsonaro aseguran que él no sería esa clase de mandatario. Al fin y al cabo sus antecedentes hablan de un populista de derecha del estilo de Donald Trump, que no tendría problema en sacrificar las finanzas públicas y adoptar políticas proteccionistas, con tal de impulsar el crecimiento. No obstante, las ideas que los inversionistas están analizando no son las del candidato, sino las de su hombre fuerte en asuntos económicos, Pablo Guedes, quien sería una especie de superministro en estos temas.

Defensor de la apertura económica, la reducción de impuestos y la simplificación de la estructura fiscal, Guedes también propone adelantar una reforma pensional que privilegie los esquemas de ahorro individual y alivie las finanzas del Estado, y reducir la deuda pública mediante privatizaciones y el otorgamiento de concesiones.

Estaría por verse si el nuevo presidente efectivamente le daría tantos poderes a Guedes, y si este podría llevar a la práctica su arsenal de políticas ortodoxas con éxito. Solo entonces se sabría si el entusiasmo que muestran los inversionistas por estos días puede ser duradero, para bien de la economía brasileña, y de América Latina.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado