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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Cada vez menos bienvenidos

Los migrantes venezolanos generarán un impacto positivo en la economía colombiana, pero la estigmatización sube su tono y poder.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
agosto 23 de 2021
2021-08-23 09:55 p. m.
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Dos noticias de la semana pasada confirman el creciente sentimiento de rechazo que está actualmente generando en la opinión pública la migración. El anuncio por la alcaldía de Bogotá de la creación de un comando policial especializado en la delincuencia venezolana y la confirmación del Gobierno Nacional sobre la recepción de 4 mil refugiados afganos que escapan de los talibanes.

Ya se sienten lejanos los tiempos de la fraterna bienvenida que Gobierno, medios de comunicación, dirigentes políticos y opinión pública les dieron a las oleadas de migrantes que huían del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. La más grave crisis humanitaria del hemisferio occidental- con una dimensión similar o peor a la de la guerra de Siria- encontró en Colombia una sociedad que abría fronteras en medio de una comunidad internacional que las cerraba cada día más.

Si bien el deterioro de la percepción sobre los migrantes había comenzado desde antes de la irrupción del coronavirus, la crisis social y económica de la pandemia agudizó el rechazo a los venezolanos, en especial en lo referente a la seguridad urbana. De acuerdo a la más reciente encuesta Invamer el 70 por ciento de los colombianos rechaza los permisos de protección temporal que el Gobierno dará a un millón de migrantes y dos de cada tres encuestados tienen una opinión desfavorable de los ciudadanos del vecino país.

Es precisamente ese rechazo popular el que pareciera alimentar posturas como la de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. En varias ocasiones la burgomaestre ha señalado a la migración como protagonista y responsable del inocultable deterioro de la seguridad en la capital de la República. A pesar de que expertos en seguridad hablan de un mínimo porcentajes de delitos cometidos por venezolanos- alrededor del tres por ciento-, el Distrito encontró en los migrantes el ‘coco’ para explicar y justificar falencias en sus políticas de seguridad urbana.

Más allá de las razones que hayan llevado al Distrito a desplegar una estrategia de lucha contra la criminalidad basada en la nacionalidad y no en otras líneas de política pública, es muy grave que una líder política de la influencia y la talla de la alcaldesa López insista en iniciativas de esta naturaleza. El mensaje que se envía es nocivo- migración y criminalidad están interrelacionadas- y siembra semillas de estigmatización y perfilamiento.

La posición del gobierno de Iván Duque frente al fenómeno de la migración ha sido clara y solidaria. El Estatuto Temporal de Protección refleja una política de apertura en un mundo que rechaza a los migrantes, ahora con más intensidad a raíz de la pandemia global. Esa actitud se confirma con la recepción a los cuatro mil afganos, refugiados políticos de la toma de Afganistán por los talibanes.

No sobra recordar que varios estudios han estimado el impacto económico positivo que traerá la migración venezolana a Colombia.

De acuerdo a Fedesarrollo, los más de dos millones de migrantes generarán alrededor de 0,1 puntos porcentuales al PIB nacional en esta década. Resultados parecidos encontraron los investigadores del Banco de la República entre 2015 y 2030.

El país tuvo la fortuna de que en las elecciones regionales de 2019 los discursos anti-inmigrantes fueron muy escasos. Ahora cuando esa estigmatización sube de tono y de poder, la posibilidad de que en 2022 esa peligrosa agenda integre el debate electoral aumenta.

Francisco Miranda Hamburger
​framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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