Ricardo Ávila

Cambio de líder

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 20 de 2013
2013-12-20 01:05 a.m.
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La noticia fue tan buena que pocos se percataron de que el Dane había revisado a la baja las cifras sobre el crecimiento de la economía en el primero y segundo trimestres del 2013, en una y tres décimas de punto porcentual, respectivamente. No obstante, para los observadores lo importante fue lo que pasó entre julio y septiembre, cuando el Producto Interno Bruto tuvo un comportamiento sorprendentemente bueno, que colocó a Colombia en el selecto grupo de las naciones de mejor desempeño en América Latina.

Como es conocido, la cifra para el periodo mencionado fue de 5,1 por ciento, la cual representa una aceleración notable frente a las mediciones anteriores. La causa primordial del avance tiene un solo responsable: el sector de la construcción, al que todo le salió bien y cuyo incremento ascendió a 21,3 por ciento.

Y es que no solo la vivienda se vio beneficiada por programas como el de las 100.000 casas para las familias de menores ingresos, sino que el apetito por oficinas y centros comerciales –entre otros destinos– es grande, traduciéndose en más obras y proyectos, con lo cual la actividad edificadora saltó un 24,8 por ciento. De forma paralela, la tan mentada locomotora de la infraestructura finalmente se hizo sentir, según lo refleja el indicador de obras civiles cuyo aumento fue de 18,6 por ciento.

Así las cosas, queda confirmado que hay un nuevo sector líder en la economía, el cual debería mantener su puesto de privilegio por un buen tiempo. La razón es que los planes más ambiciosos, contenidos en las autopistas de cuarta generación, apenas empiezan a volverse realidad y cuando se empiecen a ejecutar las obras, con un pico que debería tener lugar entre 2015 y 2016, el tirón tendrá que ser mucho más duro. Los propios cálculos del Ministerio de Hacienda dicen que el crecimiento del PIB podría aumentar en más de un punto porcentual durante esos años, por cuenta de este tema.

La importancia de que las cosas se hagan bien y a tiempo es aún más crucial a la luz de la pérdida de protagonismo relativo del capítulo de explotación de minas y canteras, que incluye al petróleo. En los primeros nueve meses del 2013, el otrora responsable de la bonanza cayó al sexto lugar entre los más dinámicos. Es verdad que los tropiezos puntuales que enfrentaron Cerrejón y Drummond –las dos principales exportadoras de carbón– actuaron como un lastre, pero también lo es que el fin del auge en los precios de los productos básicos es una realidad mundial que se empieza a sentir en estas latitudes.

El relevo citado, claro está, no puede justificar que se desatiendan las necesidades de otros sectores. Para citar un caso, la agricultura experimenta un llamativo repunte, pero la mayoría de los méritos corresponde a la recuperación de la cosecha cafetera, un éxito que no será fácil de replicar en los meses que vienen, al menos en la misma proporción.

Tampoco se pueden olvidar las angustias de la industria, que no levanta cabeza. En los últimos cinco trimestres, el saldo del ramo manufacturero ha sido negativo en cuatro, por lo cual difícilmente se puede hablar de una contracción puntual. Aunque el entorno internacional no ayuda, el argumento de que el mismo mal es compartido por muchos acaba siendo un verdadero consuelo de tontos que debería llevar a un análisis más sincero y menos defensivo, por parte del Ejecutivo.

Mientras ello ocurre, ahora las preocupaciones se centran en conseguir que el 2014 llegue al menos a la meta oficial de 4,7 por ciento. Para que eso suceda, es clave que las autoridades mantengan la rienda corta y entiendan que lo que viene depende más de la capacidad de gestión interna, que del viento que sopla de afuera. Solo así será posible hacer la tarea para que las promesas que hay detrás del liderazgo que asume el sector de la construcción se conviertan en realidad.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravila pinto

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