Ricardo Ávila

Cambio de nombre

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
enero 31 de 2014
2014-01-31 02:10 a.m.
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Hasta hace muy poco tiempo, quien quería hablar de mercados emergentes hacía una referencia a una sigla que generaba entusiasmo: Brics. Ese era el acrónimo para describir a las economías del mundo en desarrollo que apuntaban a cambiarle la cara al planeta: Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica.

Bajo el raciocinio existente, tales naciones en las que habita cerca de la mitad de los pobladores del mundo crecerían a un ritmo superior al global y se convertirían a la vuelta de pocos años en el epicentro de la inversión y del consumo en sus respectivos continentes. El mensaje implícito era que ante la crisis de los países ricos, había aparecido una nueva cesta en la cual las empresas deberían poner sus huevos.

El club en cuestión llegó a tener aspiraciones políticas. Desde el 2009 hasta la fecha, se han celebrado cumbres a nivel presidencial, siendo la más reciente en el puerto surafricano de Durban. Incluso en la pasada cita del Foro Económico en Davos tuvo lugar un panel en el que funcionarios de las diversas capitales involucradas enviaron un mensaje de tranquilidad que, al parecer, cayó en oídos sordos.

La razón es que la emoción de antes ya no es la misma. De hecho, ahora se habla de un grupo conocido como ‘los cinco frágiles’ –o los Biits–, en el cual se encuentran varios de los nombres que antes despertaban tanto entusiasmo: Brasil, India y Sudáfrica, además de Turquía e Indonesia. Como nota al margen, los dos últimos pertenecían a otra asociación, los Civets, encabezada por Colombia, que nunca llegó a constituirse formalmente.

El motivo del cambio de categoría de los países hace referencia a los desequilibrios macroeconómicos que enfrenta cada uno. El principal criterio utilizado es el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que mide el saldo de las relaciones de una economía con el resto del mundo. De tal manera, si hay un rojo muy grande, existe el peligro de que este no pueda ser financiado, en caso de que el viento cambie de dirección.

Eso es precisamente lo que ha comenzado a suceder, por cuenta del cambio en la política que puso en marcha hace un lustro el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos, que llegó a comprar 85.000 millones de dólares mensuales en bonos de forma sostenida, para darle liquidez al sistema financiero. Sin embargo, una vez la entidad constató que la economía norteamericana había mejorado, anunció que cerraría paulatinamente la llave, algo que empezó a suceder este mes cuando el programa se redujo en 10.000 millones de dólares y seguirá el próximo con otro recorte de igual magnitud.

Ante lo sucedido, el panorama de riesgos varió sustancialmente, impactando los flujos de capitales que hasta hace poco habían provisto a los mercados emergentes de dinero abundante y barato. Uno de los primeros afectados fue Turquía, cuya lira se devaluó fuertemente, aunque también el real brasileño o el rand surafricano resultaron golpeados.

No obstante, los frágiles tienen uno que otro as bajo la manga. A mediados del 2013, para citar un caso, India aplicó los frenos y logró recortar su déficit en cuenta corriente mediante restricciones a ciertas importaciones. Indonesia, por su parte, elevó el precio de la gasolina, mientras que Brasil todavía consigue atraer a los inversionistas extranjeros. Hace unos días, además, los turcos vieron cómo el banco central duplicó su tasa de interés. Por otro lado, es verdad que Argentina y Venezuela enfrentan problemas enormes, pero la deuda que tienen con los bancos privados del exterior es muy baja.

Así las cosas, la mayoría de los analistas considera que la posibilidad de una debacle generalizada es baja. Debido a ello, es posible que aquellos que conforman el grupo de los Brics se sigan reuniendo, así el entusiasmo de antes no sea el mismo y las fragilidades de ciertos países emergentes se destaquen más que sus fortalezas.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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