Ricardo Ávila
Editorial

Con el tiempo en contra

Por cuenta de una respuesta institucional lenta, aumenta el riesgo de que el negocio del cannabis medicinal no sea aprovechado por Colombia.

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
agosto 08 de 2019
2019-08-08 08:28 p.m.
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Son numerosos los informes de prensa o de analistas especializados en los que se describe a Colombia como el país mejor posicionado del mundo a la hora de beneficiarse del auge del cannabis medicinal.

Los derivados de la marihuana o del cáñamo son cada vez más usados en el tratamiento de múltiples enfermedades y los expertos proyectan que el tamaño del mercado global aumentará a tasas de doble dígito en los años por venir. Por ejemplo, la consultora Grand View Research habla de que el tamaño de este sería de 146.000 millones de dólares para el 2025.

Por cuenta de lo sucedido, existe una especie de fiebre del oro en búsqueda de aprovechar ese potencial. Aunque no hay una estadística consolidada, las inversiones en proceso superarían los 300 millones de dólares, con posibilidad de subir mucho más. Los recursos se han destinado a cultivos, construcción de plantas extractoras y obtención de permisos ante diferentes instancias estatales.

El atractivo que ofrecemos es único. El territorio nacional cuenta con las ventajas comparativas de clima y abundancia de agua, que lo han hecho una potencia en el segmento de las flores cortadas. Frente a otras latitudes, la diferencia en costos y rendimientos de los cultivos es considerable, si bien en otros lugares de América Latina, África y Asia se encuentran condiciones naturales similares.

Adicionalmente, hay un buen punto de partida. La junta internacional para la fiscalización de estupefacientes, adscrita a las Naciones Unidas, nos adjudicó una cuota del 44 por ciento de las exportaciones permitidas en el 2019.

Si bien esta es un referente más teórico que real, pues el comercio de aceites y otros compuestos apenas se encuentra en etapa embrionaria, salta a la vista que nos entregaron una porción importante de la torta, lo cual servirá en los años por venir.

Sin embargo, el entusiasmo inicial está comenzando a ser reemplazado por una mezcla de impaciencia y desilusión. Son incontables las quejas sobre lo demorados que se han vuelto los trámites ante los ministerios de Salud y Justicia, el Instituto Colombiano Agropecuario o el Invima.

Resulta evidente que el sector público no estaba preparado para tramitar el cúmulo de solicitudes, con lo cual los procesos son poco transparentes y empiezan a aparecer los rumores sobre exigencia de pagos ilegales para adelantarse en la fila.

Como si lo anterior no fuera suficiente, todo apunta a que vendrá un cambio en las reglas de juego. Un borrador de decreto que se encuentra en circulación para comentarios aumenta de hecho los trámites y elimina la distinción entre cannabis psicoactivo y no psicoactivo. Ello amplía, de hecho, el plazo para entrar de lleno al mercado internacional.

Y si bien es cierto que en todas partes se está recorriendo la curva de aprendizaje -pues los compradores también deben ajustar sus normas- el problema es que los capitales están tocando puertas en otros lugares. Tailandia quiere convertirse en potencia del negocio, mientras que en Ecuador o Brasil se habla del tema, aparte de lo que ya ocurre en Canadá o Estados Unidos.

Llegar tarde a la fiesta implicaría perder una oportunidad clave para la economía. Dado el déficit creciente que Colombia tiene en sus cuentas externas, es prioritario buscar nuevos ramos de exportación. Estimativos conservadores ubican en 500 millones de dólares anuales las ventas al exterior de cannabis medicinal, una suma que quintuplicaría la del aguacate hass.

A eso hay que agregarle la posible creación de miles de empleos en el campo y la posibilidad de ofrecer tratamientos médicos.

Volver realidad lo anterior requiere liderazgo gubernamental. Lamentablemente la administración Duque muestra una actitud ambivalente frente al cultivo de marihuana con propósitos terapéuticos. Es posible corregir el rumbo, pero el tiempo apremia.

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