Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Consenso con realismo

El pulso entre propuestas tributarias debe generar un acuerdo realista para atender el déficit sin hundir el paquete social.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
abril 25 de 2021
2021-04-25 06:00 p. m.
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La recepción del proyecto de ley de reforma tributaria, presentado por el Gobierno Nacional al Congreso de la República, ha sido agridulce.

Por un lado, centros de estudios y analistas económicos han resaltado el desmonte de algunas exenciones, la ampliación de la base de contribuyentes a renta y la apuesta por el gasto social en medio de la crisis de la pandemia, entre otras medidas.

Por el otro, tanto en el Legislativo como en las mediciones de algunas encuestas recientes, la llamada “Ley de Solidaridad Sostenible” ha sido recibida con rechazo parcial o total.

Mientras partidos políticos como Cambio Radical, el Liberalismo y los Verdes han reclamado el retiro completo de la iniciativa, bancadas como la del Centro Democrático y el partido de La U están abiertos a la construcción de un proyecto acordado.

Estas manifestaciones públicas de los bloques más importantes del Congreso implican que las probabilidades de que la Casa de Nariño logre aprobar su iniciativa inicial por 23,4 billones de pesos son cada vez más lejanas.

No genera mayor sorpresa que, a un año de elecciones y en medio de una severa crisis económica y sanitaria, el Gobierno Nacional enfrente una férrea oposición a una reforma con un monto de recursos tan ambicioso. Aún con la introducción de un paquete social de unos 7,2 billones de pesos y con un importante efecto redistributivo dentro de los más pobres, el respaldo popular a la reforma no se ve muy claro.

De hecho, según encuestas recientes, la gran mayoría de colombianos no reconoce la contribución de las empresas a la reactivación y se resiste a contribuir con impuestos a financiar el gasto social que demanda la pandemia.

Si bien esa realidad política y de opinión pública impacta sin duda el debate parlamentario, tampoco puede borrar la necesidad y la urgencia de una reforma fiscal con un componente social como la que radicó el Gobierno.

Los dos objetivos principales de la reforma tributaria- atender tanto el inmenso déficit fiscal como la crisis social que trajo el covid-19- deben guiar la búsqueda de un necesario acuerdo político.

El pasado fin de semana el presidente Iván Duque manifestó su voluntad de negociar en el Congreso el contenido de la iniciativa. El Consejo Gremial anunció la presentación de una contrapropuesta y la Andi se reafirmó en un paquete de medidas temporales con un recaudo de unos 13 billones de pesos.

Son bienvenidas las alternativas de gremios y partidos políticos que estén basadas en análisis técnicos y que no pierdan de vista esas dos metas cruciales. El pulso entre estas distintas propuestas tributarias debe generar un acuerdo realista para atender el hueco fiscal, mantener el grado de inversión, mejorar un poco la estructura tributaria y atender la crisis social.

Un consenso con dosis de realismo alrededor de la reforma tributaria debe partir del reconocimiento de su carácter urgente e inaplazable. Así como el Gobierno cederá en su aspiración inicial de recursos, las mayorías del Congreso deben construir y aprobar una ley en los próximos meses.

La tentación de reducir drásticamente el recaudo del proyecto mediante el hundimiento de su paquete social es alta, en especial ante el entorno preelectoral. Pero el realismo también incorpora el entendimiento de la coyuntura social que atraviesa el país por cuenta de la pandemia del coronavirus.

La mejor reforma posible es aquella que mitigue los impactos fiscales y sociales de la crisis. Ahora sigue el momento de construirla.

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