Ricardo Ávila

La década ganada

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
noviembre 30 de 2011
2011-11-30 01:57 a.m.
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Desde hace varios años diferentes analistas han insistido en que la época actual es particularmente propicia para el progreso de América Latina. Detrás de esa afirmación está la certeza de que la región ha entrado en una época de avance que supera con holgura los promedios de las últimas décadas del siglo pasado.

Las razones de que eso sea así son varias.

Sin duda la más importante tiene que ver con el cambio en los patrones de crecimiento en el mundo.

Para decirlo con claridad, el surgimiento de Asia y su apetito por materias primas como petróleo, minerales y alimentos, le han servido de viento de cola a una zona del planeta que es particularmente rica en recursos naturales. Aparte de ello, el mejor manejo que muchos países han hecho de sus asuntos ha permitido que la bonanza se irrigue de manera más adecuada que en otras épocas.

Sin embargo, de poco sirve tener buenos incrementos en el Producto Interno Bruto si eso no se expresa en la realidad diaria de los latinoamericanos. En respuesta, la Cepal viene de dar un parte alentador sobre la región. De acuerdo con la entidad adscrita a las Naciones Unidas con sede en Chile, tanto la pobreza como la indigencia han venido en descenso y se ubican en niveles que no tienen precedentes en la historia.

En cifras concretas, si en 1990 uno de cada dos habitantes de la región (48,4 por ciento para ser exactos) estaba por debajo de lo que se define como la línea de pobreza, en el 2011 dicha proporción debería descender al 30,4 por ciento.

Gracias a esa evolución, el número de personas de menores ingresos que al comenzar el presente siglo ascendió a 204 millones y llegó a un pico de 225 millones en el 2002, bajaría a 174 millones este año.

Tales datos muestran que aún queda un gran terreno por recorrer en este campo, pero que se ha conseguido un avance extraordinario. Puesto de otra manera, en un lapso relativamente corto una población con un tamaño cercano a la de Colombia ha mejorado en forma sustancial sus ingresos y entrado a las filas de la clase media.

Al tiempo que eso ha sucedido, y con contadas excepciones, los índices en la que es la región más desigual del planeta también han evolucionado favorablemente. Una vez más, el mensaje es que el camino es largo, pero que en América Latina la tendencia es favorable.

Las causas de lo sucedido son dos. De un lado, el mayor ritmo de actividad económica se ha traducido en un descenso de las tasas de desempleo, que apenas superan el 7 por ciento. Aunque la informalidad sigue siendo un desafío grande, el hecho de que cada vez más gente tenga un trabajo ‘estable’ impacta positivamente en la capacidad adquisitiva de los hogares.

Además, cuando esa dinámica se vuelve más permanente que temporal, la acumulación de bienes empieza a volverse permanente.

Por ese motivo, fue tan importante que en la crisis de hace tres años la desocupación no tuviera aumentos significativos, con lo cual los daños en el terreno social resultaron ser de orden menor.

Un segundo elemento que juega en la ecuación de disminución de la pobreza son los programas enfocados en la población más vulnerable.

De un lado se encuentran estrategias de transferencias condicionadas, como Familias en Acción en el país o Bolsa Familia en Brasil. Del otro, hay acciones aún más puntuales que buscan proteger a niños, ancianos u otros grupos en peligro.

La combinación de esas circunstancias, sumada a realidades como la disminución de la demografía, se traduce en un notable avance que deja espacio para el optimismo.

A pesar de que los obstáculos que quedan en el camino son inmensos y de que males como la corrupción, la inequidad o la violencia siguen presentes, por primera vez hay evidencia de que la región que acuñó el término ‘la década perdida’ ha aprovechado bien estos últimos años. El desafío, ahora, es seguir por el mismo camino.

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