Ricardo Ávila

Ante dos escenarios

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
septiembre 21 de 2011
2011-09-21 02:37 a.m.
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“La economía mundial está en una peligrosa nueva fase”. Así, con esas palabras, comienza la edición más reciente del informe de perspectivas globales que hace el Fondo Monetario Internacional cada seis meses y que fue dado a conocer ayer en Washington.

La publicación coincide con la celebración de la asamblea conjunta del FMI y del Banco Mundial, que reúne a los ministros de Hacienda y a los banqueros centrales de 187 naciones en la capital estadounidense a finales de esta semana.

Por tal motivo, el veredicto citado no puede ser tomado a la ligera, sobre todo porque va a ser material de consulta obligado en los días que vienen, aparte de servir de guía en un planeta que ahora se debate en la incertidumbre.

Como es bien conocido, los epicentros de las preocupaciones están en Europa y Estados Unidos, cuya elevada deuda y bajo crecimiento amenazan con generar un efecto dominó que podría conducir a una nueva recesión de magnitud similar a la que empezó hace exactamente tres años.

Aunque todavía no es claro si el escenario difícil va a tener lugar o no, desde ahora es posible decir que las naciones ricas la están pasando mal y que todavía no se ve la luz al final del túnel.

Las cifras son contundentes y muestran que el lente es más pesimista que en junio, cuando se reajustaron las proyecciones realizadas en la época de la Semana Santa. De tal manera, el crecimiento mundial se calcula ahora en 4 por ciento para este y el próximo año, 0,3 y 0,5 puntos porcentuales menos de lo que se pensaba en ese entonces.

En el caso de las naciones ricas, las cifras de aumento en el Producto Interno Bruto para el 2011 y el 2012 son 1,6 y 1,9 por ciento, casi una tercera parte por debajo del pronóstico de hace tres meses.

Las dificultades más grandes están en la zona euro, que, en términos prácticos, se encuentra estancada, con ejemplos inquietantes como los de Grecia, Portugal o Italia.

Tampoco es estelar el desempeño de Estados Unidos y Canadá, al igual que el de Japón, que apenas empieza a salir de los efectos del terremoto y posterior tsunami de marzo pasado.

En contraste, las economías emergentes van mucho mejor, con crecimientos superiores al 6 por ciento en promedio.

Una vez más, Asia manda la parada gracias a la dinámica de China e India con un alza prevista en su PIB del 9,5 y 7,8 por ciento respectivamente este año. Más atrás se encuentran África con 5,2 y América Latina con 4,5 por ciento, en donde Colombia se destaca con un 4,9 por ciento.

En todos los casos la apuesta es menos optimista ahora, pero el recorte en las perspectivas es mucho menor que en el caso de las naciones desarrolladas.

Todo lo anterior deja en claro varias cosas.

La primera es que la desaceleración ya está teniendo lugar, tanto por la incertidumbre en torno a la deuda como por el elevado desempleo, la baja en la confianza y el escaso liderazgo mostrado por los dirigentes en Norteamérica y el Viejo Continente a la hora de tomar decisiones de fondo. La segunda es que van a seguir coexistiendo dos carriles en la economía global. En el lento estarán transitando los países industrializados, mientras que en el rápido se moverán los de menor ingreso, con velocidades diferentes según la región específica.

Hecha esa diferenciación, es indudable que el estado general de la vía dependerá de cómo se resuelva la encrucijada actual.

De tal manera, si en Washington o las capitales europeas encuentran maneras de mantener el nivel de la deuda pública en cifras manejables, sin llegar a estrangular las diversas economías mediante recortes, la emergencia será menor.

En cambio, si ocurre el peor escenario y Grecia entra en una situación de cesación de pagos y arrastra a decenas de bancos comerciales en su caída, habrá que hacer sonar las alarmas y prepararse para una travesía que puede ser incluso más difícil que la del 2008.

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