Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Economía detrás del 21N

Más que malestar económico, el paro refleja rechazo político. El Gobierno decide cómo y cuándo atender el descontento.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
noviembre 19 de 2019
2019-11-19 10:00 p.m.
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Mañana, 21 de noviembre, sindicatos, organizaciones estudiantiles, la bancada opositora en el Congreso y movimientos sociales y étnicos han convocado a un paro nacional en contra del gobierno Duque.

Una inmensa expectativa y una creciente crispación han rodeado la previa de esta jornada de protesta. La discusión sobre las razones detrás la convocatoria ha monopolizado no solo la agenda mediática del país, sino también los discursos y las intervenciones del propio presidente Iván Duque.

Aunque originalmente convocada alrededor de temáticas económicas, la movilización de mañana representa más el descontento generalizado con la gestión del Gobierno que el rechazo específico a unas medidas.

No estamos hablando en Colombia de un “florero de Llorente” económico que desate las protestas como lo fue, por ejemplo, el aumento del pasaje del metro en Chile o la eliminación del subsidio al combustible en Ecuador. Lo anterior no significa que, como en el caso chileno, no hayan corrientes subterráneas de rabia ciudadana y de demandas insatisfechas que requieran de urgente canalización.

De hecho, la más reciente encuesta Gallup registra no sólo ese rechazo colectivo a la administración Duque, sino también la desconexión de la percepción pública con los datos reales del manejo económico.

Solo así se puede explicar que el 77 por ciento de los colombianos critique el estado de una economía que crece al 3,3 por ciento mientras América Latina se estanca.
Impulsado por la indignación producida por el bombardeo que tumbó al ministro de Defensa, el paro del 21N se convirtió en una prueba de fuerza entre el Gobierno y fuerzas opositoras. Tras una protesta prácticamente cada dos días durante los 15 meses de Duque, el pulso lo van ganando los opositores: la favorabilidad del primer mandatario ha caído a 26 por ciento.

Los organizadores de la jornada han esgrimido 13 razones de corte económico que, sumadas a las críticas más políticas sobre el Acuerdo de Paz y la política de seguridad, justificarían salir a las calles a protestar.

La gran mayoría de esas razones no competen directamente al Ejecutivo, ya que fueron propuestas por entes externos o han sido abiertamente rechazadas por la Casa de Nariño.

Otro bloque de motivos económicos del paro toca varias reformas estructurales pendientes como la laboral y la pensional y decisiones ejecutivas como el holding financiero estatal, la subasta del espectro y el salvamento de Electricaribe.

Ya los organizadores de la protesta se anotaron la victoria de frenar la urgente y necesaria agenda reformista del Gobierno. El jefe del Estado ha negado tantas veces y de manera tan tajante aspectos claves de las reformas laboral y pensional que le será muy costoso políticamente revivirlas en unos meses. Con la obligación de debatir la nueva tributaria en el Congreso con decenas de cambios y estas reformas en el congelador, la oposición ya le descarriló la agenda al Ejecutivo.

En este tema de las reformas laboral y pensional el llamado al Gobierno es por la unificación del discurso. ¡Cómo entender que a dos días del paro la ministra de Trabajo afirme en entrevista radial que el presidente Duque y el ministro de Hacienda tienen diferencias sobre el régimen pensional!

En estos últimos días el primer mandatario ha hecho grandes esfuerzos por comunicar su lista de logros, desmentir algunos ataques opositores y rechazar la eventual violencia de la jornada. Quizás su esfuerzo comunicador ha pecado por exceso y la sensación es de una incertidumbre mayor a la que normalmente generaría una protesta como la de mañana.
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Marchar o no es decisión libre de los ciudadanos y hace parte de la democracia. El Gobierno decide cómo y qué tanto escuchar el descontento.

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