Francisco Miranda Hamburger
Editorial

El costo de la parálisis

Negociar en medio de una reactivación requiere tener presente los aportes y las actuales angustias de la actividad empresarial.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
mayo 13 de 2021
2021-05-13 07:30 p. m.
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Cumplidas las dos semanas de paro, el Gobierno transita hacia una fase de negociaciones con los promotores de las protestas y grupos sociales claves en las manifestaciones como los jóvenes. Si bien esa ruta no está exenta de dificultades, la decisión buscar una salida consensuada a la actual crisis, incluyendo el ajuste tributario, está en la dirección correcta.

Más allá de invitar a corregir las falencias de procesos de diálogo del pasado como la Conversación Nacional y otras mejoras de carácter político, es importante nunca abandonar el foco en los impactos y consecuencias de más de quince días de bloqueos en las actividades económicas, así como las propuestas que los distintos representantes privados ya están lanzando a nivel regional y nacional.

Si bien lo más doloroso en el balance de tantos días de protesta siempre será el número de vidas perdidas, desaparecidos y violaciones a los derechos humanos, los efectos de las manifestaciones en la economía deben asimismo entrar en el debate público. En especial cuando las acciones de algunos manifestantes han sido orientadas a la asfixia de ciudades como Cali mediante la interrupción del abastecimiento y la vandalización de negocios.

Si a lo anterior se le añade la necesidad del aparato productivo de mantener un ritmo de reactivación con miras a salir del desplome del 2020, el peor registrado, queda claro que los impactos económicos de la actual coyuntura seguirán sintiéndose después de que el último manifestante abandone las calles.

Las estimaciones más actualizadas del Gobierno Nacional contabilizan las pérdidas diarias de la economía en unos 484 mil millones de pesos. Esto suma ya alrededor de 6,4 billones de pesos. Los choques son multisectoriales: agropecuario, transporte, infraestructura, industrias manufactureras y construcción.

Las cámaras de comercio de Bogotá y Cali han publicado informes que reflejan la dureza del impacto en la operación de las empresas en dos de las economías regionales más dinámicas. En la capital de la República solo el 8 por ciento de los negocios están operando a plena capacidad y, de continuar los bloqueos, uno de cada cinco se vería obligado a reducir personal.

En el Valle del Cauca, una de las regiones más críticas por los cierres de vías y escalamiento de la violencia, alrededor del 40 por ciento de las empresas no están produciendo y en Buenaventura, de acuerdo a la cámara de comercio local, el puerto tiene unas 454 mil toneladas de carga represadas. Alimentos, materias primas, insumos para las industrias, cosechas en riesgo de perderse y productos hospitalarios, entre otros, se encuentran paralizados en distintos puntos del Pacífico colombiano.

Sin desconocer la necesidad de avanzar en demandas sociales, los bloqueos infartan el vital flujo de bienes y servicios por el territorio nacional que mueve la economía.

En el Valle del Cauca, Bogotá, y en otras regiones del país, la duración, intensidad y bloqueos del paro están destruyendo tejido empresarial. Hay negocios en riesgo de desaparecer y muchos ya cerrados, así como inversiones que quízá ya no seguirán adelante. De hecho, son las empresas más pequeñas y las más vulnerables las que no sobrevivirán estas semanas de manifestaciones.

La decisión del Gobierno de negociar la salida a esta crisis debe recibir el apoyo de todos los sectores políticos, sociales y empresariales.

No obstante, adelantar este proceso en medio de la urgencia de la reactivación requiere escuchar los valiosos aportes de los representantes del sector privado, así como las angustias actuales de la actividad empresarial en Colombia.

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