Francisco Miranda Hamburger
Editorial

El motor sigue jalonando

Mientras las grandes economías de América Latina están en dificultades, Colombia mantiene las perspectivas positivas.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 10 de 2019
2019-10-10 10:00 p.m.
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La economía de América Latina y el Caribe se estancaría en este año. Esas son las sombrías perspectivas hemisféricas proyectadas por un reciente informe del Banco Mundial.

Un recorrido por las economías de la región refleja un panorama preocupante donde cunde el casi nulo crecimiento, la franca contracción, y en unos casos puntuales, un horizonte positivo.

El organismo internacional calcula en 0,8 por ciento el crecimiento del PIB regional para este año, sin incluir la debacle que representa la economía venezolana.

Las grandes economías del vecindario atraviesan por difíciles momentos. Brasil y México crecerán en 2019 unos precarios 0,9 por ciento y 0,6 por ciento, respectivamente. La crisis de la Argentina continuará con una caída de su PIB en un 3,1 por ciento este año.

En América del Sur las economías del lote después de las grandes- Colombia, Perú y Chile- registran positivas perspectivas de crecimiento. A pesar de la severa crisis política de la que la nación inca está apenas saliendo, la economía peruana resistió el fuerte embate y subiría un 2,6 por ciento del PIB.

Los australes, por su parte, registran un 2,5 por ciento. De todas maneras ambos países se desaceleran ya que crecieron al 4 por ciento en 2018. El contraste de estas estadísticas de los vecinos con las de Colombia es muy marcado. En el subcontinente, Colombia es el segundo país que más crece en este año (3,3 por ciento) después de Bolivia (3,9 por ciento).

A lo anterior se añade que, a diferencia de casi todas las economías suramericanas, la colombiana experimenta un momento de dinamismo en comparación con la lánguida tasa de crecimiento de 2017: 1,4 por ciento.

Es justo reconocer que la llamada “agenda de reactivación económica”, lanzada por el presidente Iván Duque al inicio de su gobierno, está cumpliendo su promesa de un mayor ritmo de crecimiento del aparato productivo. El motor local sigue jalonando la economía en medio de un entorno global de alta complejidad e incertidumbre.

La guerra comercial entre Estados Unidos y China así como las tensiones geopolíticas se han convertido en los sospechosos de siempre para explicar esta desaceleración en América Latina. Los autores del informe del Banco Mundial no caen en esa tentación e identifican la crisis actual como “más autoinfligida que importada”.

En otras palabras, el frenazo latinoamericano, tras la bonanza de hace unos años con los altos precios de las materias primas”, respondería más a decisiones de política pública orientadas a mantener cerradas las economías y a hacer más difícil el intercambio comercial.

Asimismo es grave que las perspectivas para el 2020 tampoco sean las mejores. Las economías latinoamericanas subirán hasta el 1,8 por ciento del PIB el año entrante. Brasil y México alcanzarían el 2 por ciento mientras que Argentina se contraería de nuevo en 1,2 por ciento.

Además de las complejidades de la geopolítica global, no se puede perder de vista el estado del barrio al analizar el desempeño de la economía colombiana en este año. No sólo ayuda a valorar los factores internos que están impulsando nuestro ritmo positivo sino también a calibrar mejor las vulnerabilidades externas.

Además, tras reconocer la buena noticia del crecimiento en un vecindario con estas proyecciones negativas, es más fácil aislar los retos económicos que están generando las malas noticias. En especial, la disparada del desempleo que se ha convirtiendo en la medición que tiñe de negro una fotografía positiva.

Un ritmo de crecimiento, incluso más alto que el de hoy, es prerrequisito para sostener las ganancias sociales de la última década y avanzar en más equidad.

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