Francisco Miranda Hamburger
Editorial

El mundo aún no contribuye

En tiempos donde los países ricos elevan muros y espantan a los migrantes, Colombia y su política con los venezolanos es un modelo a seguir.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
septiembre 29 de 2019
2019-09-29 08:00 p.m.
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Venezuela fue uno de los temas que dominó la agenda del presidente Duque la semana pasada en Estados Unidos. En el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas el primer mandatario de los colombianos presentó un ‘dossier’ en el que denuncia al régimen de Nicolás Maduro de albergar grupos terroristas colombianos.

Varias fotos del informe han desatado una polémica ya que periodistas y reporteros gráficos señalan que las fotos no fueron tomadas en territorio venezolano.

No obstante, la política colombiana hacia Venezuela no se limita exclusivamente a la apuesta del cambio de régimen de Caracas sino que también incluye un asunto de vital importancia económica: la atención a la migración.

Divulgar, dimensionar y crear conciencia en la comunidad internacional sobre la magnitud de lo que Colombia enfrenta ha sido tarea prioritaria del presidente Duque prácticamente desde el inicio de su administración.

Aunque la crisis migratoria arrancó durante el gobierno anterior, la actual Casa de Nariño le ha dado a la política para enfrentar el choque de los migrantes venezolanos importancia estratégica y valor diplomático.

Cabe recordar siempre que la foto instantánea de la migración del vecino país a Colombia refleja una alarma preocupante. De acuerdo a cifras de Acnur y de la OIM de los 4,3 millones de venezolanos que han emigrado, 1,4 millones permanecen en Colombia. Esta crisis es de las más graves del mundo hoy después de la producida por la guerra en Siria.

La postura del gobierno Duque ha estado centrada en una recepción “fraterna y solidaria” de los migrantes que incluyen medidas generosas como la nacionalización de los hijos de venezolanos nacidos en Colombia.

Sin embargo, la dimensión del desafío supera los limitados recursos fiscales. Análisis del Banco Mundial y de Fedesarrollo calculan el costo total de este fenómeno entre 0,3 y 0,45 por ciento del PIB mientras que el gobierno lo estima en 0,5 por ciento, alrededor de 1.300 millones de dólares anuales.

Hoy en día Colombia no cuenta con ese monto. Por eso el gobierno ha salido a poner el sombrero a la comunidad internacional para recoger recursos que ayuden a Colombia. Sin embargo, el mundo puede escuchar pero aún no contribuye lo necesario.

En entrevista con Portafolio el gerente de la Presidencia para la frontera, Felipe Muñoz, aseguró que los recursos que contribuyen los países desarrollados para ayudar a Colombia a enfrentar la crisis son menores a los ¦movilizados en situaciones similares como Siria.

En los últimos dos años los recursos internacionales que el país ha podido recoger llegan a unos 280 millones de dólares. Estados Unidos es el mayor contribuyente en este tema así como la Unión Europea y el Reino Unido. No obstante, las donaciones constituyen tan solo el 10 por ciento de lo que le cuesta a Colombia esta crisis por año.

Mientras la crisis migratoria de Siria acaparó la atención mundial y puso en jaque la política exterior de la Unión Europea, el caso de Venezuela no ha recibido una preocupación global similar.

En especial porque los venezolanos no son migrantes económicos regulares sino personas que escapan de un régimen autoritario. Incluso otros países como Ecuador y Perú están ya restringiendo la entrada de venezolanos.

En tiempos donde los países ricos elevan muros y espantan a los migrantes, Colombia y su política hacia a los venezolanos es un modelo a seguir.

Sin embargo, el riesgo de la xenofobia nunca se disipa y este abordaje humanitario está hoy desfinanciado. La búsqueda de recursos internacionales que alivien la presión fiscal no puede parar así como el fortalecimiento de las medidas de inclusión económica para que los migrantes aporten.

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