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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

El pulso por el mínimo

Lo ideal sería que surgiera una definición del salario mínimo por consenso, pero no sobraría empezar con conversaciones preliminares desde octubre.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 03 de 2022
2022-10-03 08:33 p. m.
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Cada final de año el Gobierno Nacional instala la Mesa de Concertación de Políticas Laborales y Salariales, en la cual el Ejecutivo, gremios privados de la producción y sindicatos discuten el salario mínimo para el siguiente año. Este escenario tripartito busca de manera consensuada alcanzar un aumento en la remuneración mínima legal en Colombia.

Es momento de arrancar, así sea de manera informal y un poco antes de lo acostumbrado, las conversaciones preliminares entre estos tres actores. El año pasado un similar llamado se realizó en este espacio editorial. No obstante, las razones de la petición en ese entonces son diferentes a las de ahora. En 2021 la reactivación económica, impulsada por las empresas de todos los tamaños, estaba tanto jalonando el crecimiento como recuperando millones de puestos de trabajo. Un elevado aumento podría encarecer los costos de crear un empleo formal en la economía. Al final el gobierno Duque autorizó un alza de 10,07 por ciento a mediados de diciembre pasado.

El editorial del año pasado ya reconocía los indicios de la razón más poderosa en este 2022: la subida de los precios a los consumidores. El debate para el salario mínimo de 2023 estará marcado por una tasa de inflación, que no se registraba en el país en lo corrido de este siglo. De acuerdo a la encuesta mensual de expectativas del Banco de la República los analistas económicos esperan que el IPC anual alcance en diciembre alrededor del 11,2 por ciento.

Estas estimaciones del costo de vida para los hogares son un insumo crucial dentro de las discusiones del salario mínimo. El escenario de una inflación de magnitudes históricas empujará hacia arriba los rangos en que el Gobierno, los empresarios y las centrales obreras arrancarán sus negociaciones a final de este año. El sector productivo nacional mira desde ya con ansiedad estos debates ya que una definición demasiado alta de la remuneración mínima legal impactará duramente sus costos.

Si a lo anterior se añaden los recientes deterioros en los pronósticos del desempeño de la economía colombiana en 2023, un aumento del salario mínimo que supere el 18 por ciento generaría efectos indeseables en la capacidad de contratación formal de las empresas de todos los tamaños. Un estudio reciente de investigadores del Banco de la República encontró que un incremento del 1 por ciento en el salario mínimo generaría la pérdida de unos 46 mil empleos formales al año. Más allá del debate académico propio de los economistas, la relación entre creación de puestos de trabajo formal y un alto mínimo debe considerarse en esta crucial discusión.

Por otro lado, los impactos de la alta inflación en la capacidad adquisitiva de los hogares más pobres y vulnerables es una realidad innegable que la definición de la Mesa de Concertación no debe ignorar. Y es cierto que analistas estiman que el IPC frenará su disparada en el transcurso del próximo año, lo que aliviaría un poco el golpe a los colombianos. A lo anterior se añade que la reducción en el ritmo del crecimiento económico del país -que ya se empieza a experimentar desde el tercer trimestre de este 2022- podrá bajar asimismo el ritmo de generación de empleos de la reactivación.

Son varios y delicados los equilibrios que la comisión tripartita -Gobierno, gremios y sindicatos- tendrán que ponderar en esta vital discusión. Mientras lo ideal sería que surgiera una definición del salario mínimo por consenso, no sobraría empezar con conversaciones preliminares desde octubre.

FRANCISCO MIRANDA HAMBURGER
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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