Ricardo Ávila
Editorial

El último eslabón

La crisis que afecta al café también tiene su explicación en que al cultivador le llega menos del uno por ciento del valor de cada taza vendida. 

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 04 de 2019
2019-06-04 09:16 p.m.
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Nadie sabe a ciencia cierta si lo peor quedó atrás, pero lo cierto es que los productores de café en el mundo han recibido con alivio la mejora en los precios internacionales del grano que ayer superaron el dólar con ocho centavos por libra. Dicho nivel no da precisamente para hacer ferias y fiestas, pero supera en 20 por ciento las cotizaciones observadas hace tan solo un par de semanas cuando la variedad arábica se ubicó en mínimos que no se veían al menos desde el año 2005.

Gracias a lo ocurrido, la tensión en Colombia también disminuye, sobre todo a la luz de la convocatoria hecha por Dignidad Cafetera para un paro nacional el próximo 10 de junio. Más allá de las protestas que puedan darse, es probable que la movilización campesina sea baja, dado que el valor de la carga está en 825.000 pesos y completa un buen número de días lejos del corte considerado como crítico, de 700.000 pesos.

Lo anterior, claro está, no resuelve los problemas de fondo de la actividad. Las preocupaciones que se expresan en los ceños fruncidos de los dirigentes locales, se ven igualmente en otras latitudes. Varios reportes de la prensa internacional hablan de la decisión de muchos cultivadores de dedicarse a otros oficios por cuenta de la escasa o nula recompensa que trae la caficultura. Desde Centro América hasta África, existen evidencias de parcelas abandonadas o matas tumbadas para darles paso a otras siembras.

Sobre el papel, las cosas no deberían estar tan mal. En lo que atañe al consumo global la tendencia es creciente, no solo por cuenta de la expansión de la clase media en el planeta, sino del cambio en los gustos. Por ejemplo, el grupo chino Luckin Coffee llamó la atención de los mercados al buscar más de 500 millones de dólares de los inversionistas en mayo, con el propósito de expandirse en la nación asiática en donde el habitante promedio bebe tan solo cinco tazas al año, en comparación con 300 de los ciudadanos estadounidenses.

Más allá de que todo apunta a más ventas de espressos, lattes o capuccinos, la dificultad de fondo es la misma: los ciclos de precios típicos de los bienes primarios, que se traducen en fuertes altibajos y en la imposibilidad de garantizarles un ingreso decente y relativamente estable a millones de productores. En el caso presente, por ejemplo, la enorme cosecha de Brasil el año pasado acabó siendo la responsable de la descolgada vista.

En último término, el elemento clave es que el agricultor recibe una ínfima proporción de lo que vale un café en cualquiera de las cadenas más conocidas. Un artículo del diario Financial Times, aparecido ayer, sostiene que, en el caso de Londres, el componente más importante es la renta del local, que se lleva una tercera parte, seguido por el personal, cuyo peso se acerca a 25 por ciento adicional. A lo anterior hay que agregar los impuestos con el 15 por ciento, junto a servilletas, vasos o leche, con algo más del 10 por ciento, una cuantía similar a la utilidad que deja el negocio.

Por increíble que parezca, el último componente en la lista es el grano, que representa apenas un 4 por ciento. La mayor tajada de esta torta le corresponde al tostador, encargado de hacer la mezcla. En cambio al caficultor apenas le llega el 0,25 por ciento, lo que equivale a algo más de un centavo de dólar a cambio de cada taza que se factura.
La gran ironía de esta situación es que como la cotización del grano es casi irrelevante en las cuentas finales, el consumidor paga usualmente lo mismo, así el producto esté deprimido o en auge. Eso quiere decir no solo que hay que avanzar en la cadena de valor –como bien se hizo con las tiendas Juan Valdez–, sino buscar cómo concientizar al consumidor de que sin cafeteros, no podrá tomarse la bebida que le gusta. Así le cueste un centavo de dólar más.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapínto

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