Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Elecciones de mitaca

La Casa de Nariño no debe ignorar el mensaje de relevo generacional y mejora social enviado por un buen número de votantes. 

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 28 de 2019
2019-10-28 09:33 p.m.
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Más de 36 horas después del cierre de las urnas, las consecuencias y perspectivas del nuevo mapa político regional se siguen analizando.

Colombia amaneció este lunes con los tradicionales balances de ganadores y perdedores de la jornada del domingo. En tanto que las grandes capitales del país, como Bogotá, Medellín, Cali y Bucaramanga dieron un giro hacia los verdes y movimientos de centroizquierda, muchas gobernaciones quedaron en manos de coaliciones con una alta dosis de partidos tradicionales.

Mientras el partido de Gobierno –Centro Democrático– terminó muy lejos de sus propias expectativas, partidos de oposición como el Verde festejaron en diferentes ciudades.

Pero, hechas las sumas y restas, lo cierto es que la fiesta de la democracia colombiana no fue un cliché el pasado domingo. La alternancia en el poder, crucial para un sistema democrático sano, se presentó al menos en las grandes ciudades, donde los electorados son más libres de las maquinarias.

En momentos en que otras naciones del vecindario latinoamericano cuestionan la solidez y la representatividad de sus democracias, reconforta asistir en Colombia al giro del péndulo ideológico hacia voces contrarias a la doctrina del Gobierno.

Evidentemente, no todo fue color de rosa. En buena parte del territorio nacional, clanes y maquinarias políticas, solas o en coaliciones, reprodujeron su poder regional sin mayor problema. Se reafirmó esa inmensa brecha entre unas ciudades grandes, con una dinámica democrática más competitiva, y otras regiones todavía atadas a la cultura clientelista y abstencionista.

A los ganadores de los comicios del domingo provenientes de la oposición les queda la responsabilidad de tender puentes de diálogo y construcción de consensos con el Ejecutivo Nacional. Ya el propio presidente Iván Duque, en su mensaje de balance de la jornada, manifestó su voluntad de construir país con todos los mandatarios regionales.

Todos los ojos estarán puestos, desde ya, en la relación que construyan la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, y el Gobierno Nacional. Se espera de ambas partes que los intereses de la ciudad primen sobre las diferencias ideológicas que los separan.

De eso precisamente se trata la democracia y la descentralización. La Administración Distrital y la Casa de Nariño comparten una agenda crucial para la capital en temas de movilidad, seguridad y política social.

La misma reflexión cabe para las relaciones del Ejecutivo con las demás entidades territoriales. Un diálogo construido sobre la apertura y la buena fe será agradecido no solo por los bogotanos, sino por los habitantes de las demás ciudades.

Las angustias económicas que hoy protagonizan los estallidos sociales en varias naciones latinoamericanas no son ajenas para muchos de los compatriotas que asistieron a las urnas el pasado domingo.

Las elecciones regionales no pueden considerarse un plebiscito a la gestión del presidente Duque. Cada resultado en cada jurisdicción dependió más de las dinámicas locales y del balance de fuerzas regionales, que de una postura de rechazo a políticas específicas del Gobierno Nacional.

Aún en escenarios propensos al debate nacional como Bogotá, la figura presidencial no fue el eje de la campaña.

Dicho esto, la Casa de Nariño no debe ignorar el mensaje de cambio enviado por un buen número de votantes, tanto en grandes capitales como en ciudades intermedias.

Un mensaje que en muchos casos contiene un importante componente de relevo generacional, un rechazo a la corrupción, un deseo de mejora de la calidad de vida y una sensibilidad ambiental. Ahí están las bases del diálogo.

Francisco Miranda Hamburger
​framir@portafolio.co
@pachomiranda

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