Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Pulso de un país nervioso

La estrategia de reactivación debe integrar la desconfianza y el nerviosismo de una Nación con muchos hogares sin ingresos, y sin poder dormir.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
agosto 30 de 2020
2020-08-30 06:18 p.m.
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El Departamento Administrativo de Estadística (Dane) publicó la encuesta “Pulso Social”, con el apoyo técnico de Unicef.

Con una cobertura de 23 ciudades capitales y áreas metropolitanas, esta primera ronda en julio buscó producir información sobre la confianza del consumidor, el bienestar y redes de apoyo de los hogares y el conocimiento de las políticas de apoyo.
Esta fotografía instantánea ratifica el impacto severo que está generando la pandemia del coronavirus sobre los hogares de la mayoría del territorio nacional desde Pasto hasta Riohacha y desde Cúcuta hasta Quibdó.

En simultánea con las medidas para reactivar los sectores económicos y apoyar las empresas para que mantengan la producción nacional, es necesario auscultar mejor la dinámica de los hogares y sus perspectivas económicas tanto actuales como del futuro.
Esta primera medición del “pulso social” del Dane refleja una sociedad que percibe un presente y un futuro negativos. En julio pasado el 59, 8 por ciento de las personas que hacen parte de la jefatura de hogares afirmó que la situación económica de su hogar fue peor que hace un año y el 13,3 por ciento sostuvo que mucho peor.

Mientras el 64 por ciento de los hogares del país en estas 23 ciudades capitales no cuenta con suficientes ingresos para ahorrar, el 27, 6 por ciento dijo que no tenía ningún ingreso.

Casi la mitad, 48,6 por ciento, está “muy preocupado” por contagiarse con el coronavirus y el 22 por ciento, “un poco” preocupado. Con el fin oficial de la cuarentena desde mañana, este nivel de preocupación por la salud tendrá sin duda un efecto sobre la confianza de los hogares en salir y aprovechar las reaperturas, especialmente aquellos que aún tienen ingresos y estabilidad.

El golpe a los ingresos y a la estabilidad se percibe aún más cuando se le pregunta a los hogares sobre los planes de comprar ropa, calzado, electrodomésticos, automóvil o de adquirir o remodelar su vivienda en comparación de 2019. Mayorías de entre el 80 y el 92 por ciento ven que las probabilidades de esas compras o consumos son hoy menores que hace un año.

Como era de esperarse en medio de una crisis sanitaria global como la actual, el futuro en esta fotografía luce sombrío. No obstante, las magnitudes de estas percepciones negativas son útiles de medir.

Casi 7 de cada diez hogares colombianos percibe que el empleo en la economía tenderá a disminuir en los próximos doce meses. La mitad considera que la situación económica será “peor y mucho peor” y solo un cuarto es optimista en que mejorará.

Los impactos de la pandemia en los hogares se reflejan en tanto en una amplia gama de sentimientos como en decisiones de suspender citas médicas (42 por ciento). El 40 por ciento reconoció haber sentido preocupado o nervioso, el 22, 5 por ciento triste y el 19 por ciento con dificultades para dormir.

El 38 por ciento de las mujeres sintieron sobrecarga en las tareas del hogar en comparación con las rutinas pre-pandemia frente al 23,2 por ciento de los hombres.

A un día del levantamiento formal de la cuarentena, es crucial no solo conocer sino seguir midiendo este “pulso social” a los hogares colombianos. Tanto para avanzar en la reactivación de las actividades económica como para diseñar nuevas políticas de aislamiento y confinamiento, el comportamiento y las emociones de los consumidores juegan un papel central.

La estrategia de reactivación de la economía debe incorporar estas expectativas negativas, desconfianza y nerviosismo de un país sin ahorro y sin dormir.

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