Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Furia en el oasis

Más que el fin del modelo, los chilenos están demandando ajustes urgen- tes a su calidad de vida y a sus expectativas
de clase media.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
octubre 21 de 2019
2019-10-21 10:10 p.m.
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“Nuestro país es un oasis”. Así describió hace unas pocas semanas el presidente Sebastián Piñera a Chile en comparación con las protestas que otras naciones suramericanas como Ecuador estaban atravesando.

Días después los australes vivirían una oleada de violentas movilizaciones ciudadanas con un saldo de 11 muertos y centenares de detenidos. En un país que puso fin a la dictadura hace 29 años, la presencia de militares patrullando las calles trajo nuevamente a la memoria tiempos que se creían pasados.

Anoche Santiago y otras regiones tuvieron su tercera jornada de toque de queda, en medio del Estado de emergencia. La destrucción de una parte de la red del metro de la capital y saqueos e incendios a comercios contrastan con la imagen de estabilidad institucional y económica que Chile ha forjado en las últimas décadas.

La rabia que se tomó el “oasis” de Piñera se desató a raíz de un ligero aumento en el precio de los pasajes del metro de Santiago, de unos 4 centavos de dólar. El hecho de que el gobierno haya tumbado la decisión y las manifestaciones continúen refleja la existencia de un malestar social mucho más profundo que está saliendo a flote.

La descripción presidencial de un “oasis” se basa en los resultados tangibles de décadas de aplicación del llamado “modelo” chileno. La economía austral ha sido una de las de más rápido crecimiento en América Latina en las últimas décadas.

De acuerdo con cifras del Banco Mundial, entre 2000 y 2017 el porcentaje de chilenos viviendo en condición de pobreza cayó del 31 por ciento al 6,4 por ciento. Este bloque de ciudadanos saltó a la clase media, aunque con precarios ingresos y condiciones laborales
A pesar de haber crecido en 2018 al 4 por ciento, la economía chilena se frenó en 2019 con unas perspectivas de crecimiento alrededor del 2,5 por ciento.

Al igual que Colombia, Chile se destaca por su dinamismo en un vecindario que transita hacia el estancamiento. No obstante, los disturbios de los últimos días han puesto el dedo en la llaga sobre las limitaciones de ese modelo en las esperanzas y expectativas de la población, en especial los menores de 30 años que no experimentaron la dictadura.

La furia de los chilenos se expresa por varios frentes. Hay molestias con el sistema de salud por demoras en la atención y altos costos. Las pensiones son consideradas bajas así como los salarios de la mayoría de la población.

Los estudiantes también protagonizaron duras protestas por el alto costo y la calidad de la educación en 2006 y 2011. En resumen, la inequidad de la sociedad chilena ha aumentado: en 2017 el 10 por ciento más rico de Chile era casi 40 veces más que el 10 por ciento más pobre.

Así, los éxitos en los indicadores de pobreza de los últimos años ha disparado expectativas de buena parte de la población que ni la política- gobierno y oposición- ni la economía han podido satisfacer.

La administración Piñera, que prometió crecimiento económico, empleo y seguridad ciudadana- está impulsando una agenda de reformas tributarias, pensionales y laborales que reactiven la economía. No obstante, las protestas- que incluyen denuncias de abuso de la fuerza- están debilitando su margen de maniobra política y en el Congreso.

Más que el final de un modelo económico que sacó a millones de la pobreza, los chilenos acuden a las calles a pedir ajustes urgentes a su calidad de vida y reformas para que la economía se sintonice con sus expectativas de un país con una dinámica y nueva clase media.

Varias lecciones desde lejos se pueden tomar de la crisis que hoy atraviesa Chile. La dirigencia gubernamental debe sintonizarse más con las urgencias del ciudadano de a pie, sus quejas sobre los servicios públicos básicos y las incertidumbres sobre el futuro.


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