Ricardo Ávila

La intolerancia de Suiza

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 07 de 2011
2011-09-07 01:03 a.m.
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A pesar de ser un pequeño país que está enclaustrado en los Alpes, Suiza es ampliamente conocido en el mundo por muchas razones que van desde la precisión de sus relojes hasta la dulzura de sus chocolates, pasando por sus bancos y el hecho de servir de refugio a los capitales de todo el planeta cuando las cosas se ponen duras en otras latitudes.

Esa última cualidad, sin embargo, se les convirtió en un problema mayúsculo a las autoridades helvéticas en las últimas semanas.

Y es que por cuenta de la incertidumbre que existe en torno a la marcha de Estados Unidos y la Unión Europea, los inversionistas han buscado activos diferentes al dólar y el euro que los protejan si la situación, que ya es mala, se pone peor. Debido a ello, el oro ha llegado a máximos históricos, pero también algunas monedas.

Eso es lo que ha pasado con la corona noruega y el franco suizo, que tienen como respaldo a economías fuertes y tradicionalmente bien manejadas.

El problema es que el apetito ha sido tan grande que en ambas naciones se ha producido una apreciación descomunal que, en el caso helvético, supera el 20 por ciento en términos reales en apenas año y medio..

Ante esa situación, los exportadores empezaron a quejarse de que estaban perdiendo competitividad, pues en un mercado global que es cada vez más difícil es indispensable tener los precios adecuados.

En respuesta, el Banco Nacional de Suiza emitió ayer en Zúrich un comunicado de apenas 10 líneas de extensión que no deja ninguna duda.

En su pronunciamiento, la entidad sostuvo que la revaluación de su moneda era una amenaza seria para la economía local y que en consecuencia no “tolerará” una tasa inferior a 1,2 francos por euro.

Así mismo, declaró que pondrá en marcha esa política con la mayor determinación posible y que está dispuesta a comprar divisas extranjeras en cantidades ilimitadas.

Como si lo anterior fuera poco, el Banco señaló que esa tasa de cambio es, en todo caso, inadecuada y que está dispuesto a tomar medidas adicionales si lo considera necesario.

En cuestión de minutos, los mercados entendieron el mensaje. De tal manera, el franco se devaluó más de 7 por ciento en una sola sesión, lo cual es extraordinario en las circunstancias actuales. Por cuenta de lo sucedido, las autoridades helvéticas aspiran a contener las presiones especulativas y a salvaguardar la salud de su sector exportador.

El mensaje para los inversionistas es que su dinero es bienvenido, pero bajo reglas de juego que le ponen un piso a las fluctuaciones en los tipos de cambio.

La decisión fue tan sorpresiva y audaz que hasta ahora los especialistas empiezan a entenderla. Algunos hablan de los peligros que representa el poner una inmensa cantidad de francos en circulación, mientras otros se preguntan qué pasaría si diferentes países empiezan a seguir el ejemplo.

Ese interrogante es totalmente válido. No hay duda, para citar un caso cercano, de que el Banco Central de Brasil, que no ha logrado contener la apreciación del real a pesar de tomar medidas que incluyen un impuesto del 6 por ciento a la llegada de ciertos capitales, está tomando atenta nota.

De tal manera, Brasilia también le puede poner un piso a su moneda, ante la evidencia de que su sector industrial se está contrayendo debido al abaratamiento relativo de las importaciones.

Ante esa eventualidad, es hora de que Colombia aguze su mirada. Aquí, tal como en Suiza, ciertas actividades productivas han salido muy golpeadas por cuenta de lo ocurrido con la tasa de cambio.

¿Estaría, entonces, el Banco de la República dispuesto a comprar todos los dólares que le lleguen a un mínimo de 1.800 o 1.900 pesos si otras naciones de América Latina hacen algo parecido?

Esa es una pregunta que vale la pena hacerse por más descabellada que suene, sobre todo ahora que Zúrich dio un paso definitivo y justo cuando en Bogotá se reúne el Congreso Nacional de Exportadores.

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