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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

La ‘activistocracia’

En vez de fortalecer técnicamente el activismo, la administración Petro optó por elevar la ideología por encima de la gestión de gobernar.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger

La cara del músculo técnico del gobierno de Gustavo Petro ha cambiado drásticamente en los mandos medios en los meses pasados mientras que, en semanas recientes, se han confirmado nombramientos que ratifican ese giro desde la cabeza de entidades estatales claves.

Que la Casa de Nariño había debilitado la rama de moderados técnicos con las que arrancó el Gobierno quedó claro en el transcurso del año pasado con la salida de varios ministros y se cerró con la renuncia de Jorge Iván González al Departamento Nacional de Planeación (DNP).

La llegada de los ex senadores, Alexander López y Gustavo Bolívar, al DNP y a Prosperidad Social (DPS) respectivamente, marca un abierto paso del gobierno Petro al manejo de entidades con peso técnico y social a manos de políticos con trayectoria y capacidad de movilización, pero sin experiencia en esas áreas de gobierno. Otros nombramientos -por ejemplo, en la Superindustria y en la Unidad de Gestión de Riesgo- reflejan la intención del primer mandatario de rodearse de funcionarios con más lealtad y más cercanos a su proyecto ideológico.

A lo anterior se suman los distintos choques que han experimentado funcionarios de segundos y terceros niveles -la mayoría de corte técnico- en distintas áreas como la definición del presupuesto, que quedó en evidencia con la reciente investigación de Portafolio. De hecho, la senadora opositora, Paloma Valencia, del Centro Democrático, con base en cifras brindadas por el Gobierno, denunció que han salido 158 funcionarios de 69 dependencias, sólo en el Ministerio de Hacienda.

Esto es una pérdida grande de conocimiento y experiencia en el fondo de las políticas públicas y en la forma en cómo se diseña, tramitan, aprueban y se retroalimentan. No obstante, el Presidente ha identificado a ese bloque de técnicos, la mayoría con largos años de experiencia en varios cuatrienios, como uno de los obstáculos para que su prometido cambio no se haya hecho realidad en este año y medio de mandato.

“La tecnocracia es tener supuestos técnicos en el poder. Democracia es tener gente en el poder. En la primera, la gente sirve a los supuestos técnicos. En la segunda, los técnicos sirven al pueblo”, publicó el jefe del Estado en la red social X.

La afirmación no podía más injusta y peligrosa. Injusta porque si algo ha caracterizado las políticas públicas con algún grado de éxito en Colombia ha sido la conformación de una tecnocracia bien preparada y flexible para seguir desplegando iniciativas en áreas como el manejo macroeconómico, la construcción de vivienda popular, la lucha contra la pobreza, el financiamiento de la infraestructura, entre otras, gobierno tras gobierno.

Culpar a los funcionarios por la ausencia de visión técnica de las cabezas de la administración Petro es una salida torpe, que priva al Estado de personal capacitado y capaz de avanzar en la ejecución.

Peligrosa, porque convertir en ‘enemigos’ a estos funcionarios no solo los aleja de la gestión pública sino que los pone en la mira de activistas.

El activismo es una alternativa legítima de poner en atención de la sociedad a problemáticas, poblaciones o vulnerabilidades. Su propia naturaleza es política y, por ende, susceptible de transformarse en escaños y espacios de poder.

No obstante, sin una traducción a la técnica, los activistas luchan por trasladar las banderas ideológicas al entorno de la gerencia pública. En vez de fortalecer técnicamente el activismo, la administración Petro optó por elevar la ideología por encima de la ejecución y la gestión de gobernar. La “activistocracia” ayudará a robustecer las bases electorales y la coalición de votos para 2026, pero no es tan seguro que mejore la ejecución.


FRANCISCO MIRANDA HAMBUGER
framir@portafolio.co
X: @pachomiranda

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