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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

La amenaza de ómicron

Ya que es pronto para determinar el impacto de la nueva variante, los gobiernos no deben acelerarse tomando decisiones que frenen la reactivación. 

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
noviembre 28 de 2021
2021-11-28 09:07 p. m.
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El pasado viernes los reportes de una nueva variante de covid-19, detectada en Sudáfrica y bautizada ómicron, sacudieron tanto a autoridades sanitarias como a las bolsas de valores alrededor del mundo. Tras varios meses de reactivación de la economía global y mucho optimismo en los mercados, a pesar de algunos nubarrones como la crisis de contenedores, el anuncio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) eleva la incertidumbre en el tramo final del año.

Si bien la OMS calificó la variante como “de preocupación”, el mismo ente hizo un llamado a una “respuesta balanceada” a la llegada de ómicron. Aunque las autoridades sanitarias sudafricanas ya activaron los protocolos de cooperación con el resto de agencias de bioseguridad para investigar esta nueva versión del coronavirus, ya varios países del sur del continente africano están sufriendo restricciones de vuelos y otras consecuencias. Estigmatizar a las naciones donde se realizan esas detecciones no es el mejor incentivo para que las autoridades sanitarias compartan sus hallazgos al mundo.

Las evidencias preliminares llevaron a la OMS a afirmar que la variante recién identificada podría ser más contagiosa que la delta y que las vacunas contra el covid-19 podría ser menos efectivas y necesitarían ajustes. No obstante, aún es pronto para establecer la magnitud del impacto sanitario de ómicron, su velocidad de contagio, si genera una infección más severa que las otras variantes en términos de hospitalización y muerte, o su resistencia a la actual inmunización.

A pesar de que en términos sanitarios ómicron requerirá de unas semanas más para establecer con algún grado de seriedad científica la dimensión de su amenaza, sus impactos en la economía y en los mercados se sintieron de inmediato. El viernes pasado, coincidente con la jornada comercial del “Black Friday” en Estados Unidos y otros países, el Dow Jones sufrió su peor día del año con una reducción de 2,53 por ciento, el dólar en Colombia superó la barrera de los 4 mil pesos y los precios internacionales del petróleo se desplomaron más del 10 por ciento.

Estos niveles de deterioro de algunos de los principales índices no se veían precisamente desde el arranque de la pandemia. La irrupción de esta nueva variante constituye un poderoso recordatorio de la fragilidad de la actividad económica mundial y de los mercados ante la incertidumbre sanitaria del covid-19. El ritmo de la reactivación, la reapertura de la mayoría de sectores productivos, el avance de la vacunación- especialmente en los países ricos- y las políticas gubernamentales de estímulos para combatir la crisis económica empujaron el coronavirus abajo en la lista de preocupaciones y alertas tanto de los inversionistas como de las empresas y los consumidores alrededor del mundo.

En próximas semanas, conforme las autoridades sanitarias globales brinden más información sobre la variante, los temores sobre el efecto de ómicron sobre la senda de recuperación de las economías se ratificarán o terminarán disipándose. El peor de los escenarios sería que los gobiernos, incluyendo el colombiano, reaccionaran aceleradamente con el retorno a restricciones no solo aéreas y de comercio sino también con confinamientos.

La lección de las consecuencias sociales y económicas de las cuarentenas, y su impotencia para detener el virus y sus variantes, no puede olvidarse a pesar de ómicron. Se necesita más impulso a la vacunación.

Francisco Miranda Hambuger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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