Ricardo Ávila
Editorial

La condición necesaria

Tras los primeros 100 días del gobierno Duque, es claro que el camino que le falta va a depender de lo que suceda con la ley de financiamiento.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
noviembre 12 de 2018
2018-11-12 05:00 p.m.
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Si algo no escaseó en el puente festivo que acaba de concluir fueron los balances sobre los primeros 100 días del gobierno de Iván Duque. Tanto los columnistas de los principales medios de prensa como los especiales informativos se concentraron en evaluar la tarea de la administración que comenzó el pasado 7 de agosto.

Las redes sociales también se llenaron de opiniones de todos los matices, algo que hace pensar que la polarización vista en la pasada campaña electoral continúa presente.

Más allá de lo dicho por unos y otros, es de imaginar que el actual Presidente habrá registrado alabanzas y críticas, con la intención de hacer ajustes. El motivo es que los tres meses que vienen serán cruciales para la marcha del Ejecutivo, pues una cosa es destapar las cartas y otra es comenzar a ganar las manos cruciales que definirán la partida.

Por tal razón, no debería existir una prioridad mayor para la Casa de Nariño que sacar adelante la ley de financiamiento, cuyos debate empezarán esta semana en el Congreso.

La razón es muy sencilla: si se vuelve obligatorio aplicarle un tijeretazo de 14 billones de pesos al presupuesto del 2019 no solo sería imposible cumplir promesas y programas, sino que el mensaje de debilidad política sería demoledor para el éxito de un mandato de cuatro años.

Debido a ello, el propio Duque requiere meterse de lleno en el tema. Más allá de los contactos hechos la semana pasada con algunos congresistas o con el Consejo Gremial, el esfuerzo debe ser más decidido.

Ello incluye proponer fórmulas menos difíciles de digerir que la universalización del IVA al 18 por ciento, cuya viabilidad en el Capitolio es prácticamente nula. Una tarifa menor para los productos que empezarían a ser gravados es una opción. En cualquier caso, falta un mayor liderazgo presidencial.

En esa labor, es indispensable que la visibilidad del Ministro de Hacienda también sea mayor. Más allá de la eventual reticencia a la llamada dictadura del micrófono o del desgaste que significó el reciente intento de voto de censura, Alberto Carrasquilla está obligado a hablar mucho más, fuera del Capitolio. Y es que así la propuesta de más impuestos resulte impopular, hay que defenderla, aparte de contestar afirmaciones que merecen respuesta antes de hacer carrera.

No faltarán quienes digan que todavía es prematuro salir a la palestra pública. El problema es que las circunstancias son distintas ahora, por cuenta de la instrucción presidencial en el sentido de que no comprará apoyos parlamentarios con puestos o la conocida ‘mermelada’.

Ello exige ganarse al menos a algunos sectores de la opinión que entienden que así la medicina tenga un sabor muy amargo, es lo que más le conviene al país a la hora de garantizar la buena salud de las finanzas públicas y una marcha más favorable de la economía.

Salir avante en este desafío es fundamental para los otros puntos de la agenda legislativa. Así asuntos tan diversos como la reforma a la justicia o la del nuevo marco de las Tecnologías de la Información y Comunicaciones se discutan en otras comisiones, no hay duda de que en el Congreso existen los vasos comunicantes. Un traspié ahora pondría en duda la suerte de varios proyectos de ley clave, sin hablar de aquellos que aún no se radican, como el de las pensiones.

Además, hay que pensar que el próximo semestre corresponde a la discusión del plan de desarrollo que requiere estar aprobado en mayo. Arrancar esa discusión en condición de debilidad haría todo más difícil, pues aquí el plato fuerte es el plan de inversiones del cuatrienio.

Debido a ello, Iván Duque está obligado a ser consciente de que el paso de la ley de financiamiento equivale a aquello que se conoce como una condición necesaria para el éxito de su gobierno, así no sea suficiente. Sus contradictores lo tienen plenamente claro.

Ricardo Ávila Pinto

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