Francisco Miranda Hamburger
Editorial

La faceta urbana

Las ciudades necesitan enfrentar la pobreza tanto con ayuda social como con la reactivación.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
mayo 10 de 2021
2021-05-10 07:30 p. m.
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Quedó claro de los resultados del Dane sobre pobreza monetaria en Colombia que el impacto socioeconómico más duro de la crisis de la pandemia ha sido sobre las grandes ciudades del país.

En un año el porcentaje de habitantes bajo la línea de pobreza en las cabeceras saltó de 32,3 a 42,4 por ciento. Teniendo en cuenta que las cifras de 2020 reflejan una reducción de 4,6 puntos porcentuales en las zonas rurales, la mayor contribución a la dolorosa tragedia social ha sido desde la pobreza urbana.

Bogotá, por ejemplo, ‘aportó’ uno de cada tres nuevos pobres en Colombia. Le sigue Cali, hoy en medio de una grave situación de orden público y de confrontación en sus calles entre indígenas y habitantes en medio del paro, con 375 mil nuevas personas en condición de pobreza, una de cada diez a nivel nacional. Aproximadamente dos de cada tres colombianos que la crisis hundió bajo esta línea viven en las cinco metrópolis más populosas.

A lo anterior se añade que el informe del Dane estima que la mitigación generada por el paquete de ayudas sociales-que incluye subsidios específicos de las alcaldías de Bogotá, Medellín y Bucaramanga- tuvo un efecto mucho mayor en las áreas rurales que en las ciudades.

Mientras en el campo el colchón de estos giros ordinarios y extraordinarios se tradujo en 7,1 puntos porcentuales menos de pobreza, ese mismo amortiguador en las cabeceras solo llegó a 2,6 puntos. Es decir, un sonoro recordatorio de las limitaciones de las transferencias monetarias en escenarios económicos urbanos.

Que las grandes ciudades sean las más golpeadas no debe generar mayor sorpresa. Colombia experimentó uno de los confinamientos más largos del mundo durante el primer año de la pandemia. Cuarentenas, cierres y restricciones a las actividades económicas se convirtieron en los instrumentos preferidos por las autoridades nacionales y locales para combatir los contagios de covid-19 y brindar a los ciudadanos una sensación de tranquilidad y liderazgo.

El problema está en que esos paquetes de medidas-entre los que están ‘pico y cédula’, toques de queda y otros, se comenzaron a aplicar en ‘piloto automático’ y sin una evaluación oportuna de sus reales consecuencias no solo sobre los indicadores epidemiológicos, sino también sobre el dinamismo económico. Lamentablemente los sectores más golpeados por las disposiciones sanitarias para luchar contra el coronavirus como el comercio y los restaurantes han sido en simultánea aquellos cuyas puertas las restricciones han cerrado con más frecuencia.

Si bien las jornadas de paro están deprimiendo aún más las actividades económicas en las ciudades de país -llegando al desabastecimiento de productos básicos y otros impactos sectoriales- el abordaje a la reactivación desde las ciudades debe transformarse.

En primer lugar, el Gobierno y los mandatarios locales deben abrazar la lucha contra la pobreza como la principal tarea en la recuperación del país frente a la pandemia del coronavirus. Esto implica tanto evitar la adopción de más restricciones y cierres como reconocer que las ayudas sociales no bastan para reducir la pobreza que trajo el 2020.

Segundo, la reactivación económica es local. Cada ciudad tiene dinámicas productivas distintas y requiere estrategias específicas. Los alcaldes necesitan incluir en sus narrativas de gobierno planes puntuales para apoyar las empresas a sobrevivir las restricciones y mantener sus puestos de trabajo.

En tercer lugar, atender a los medianos y pequeños. Junto a los grandes proyectos de infraestructura, la reactivación de las economías urbanas pasa por ese tejido empresarial y de negocios que genera ingresos y empleo.

Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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