Francisco Miranda Hamburger
Editorial

La ruta hacia el mínimo

La negociación del salario mínimo para 2020 se dará en medio de un tenso ambiente político y
de válidas preocupaciones económicas.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
noviembre 18 de 2019
2019-11-18 10:00 p.m.
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El próximo 5 de diciembre arranca de manera oficial la negociación del salario mínimo en Colombia para 2020.

Con los datos de productividad laboral, empresarial, crecimiento del PIB e inflación, gremios de la producción, sindicatos y Gobierno empiezan el pulso por el aumento de la remuneración básica legal.

Si bien alrededor de dos millones de trabajadores colombianos ganan directamente el mínimo, este monto impacta los salarios de los funcionarios del Estado, las pensiones, las multas, los precios de los productos básicos y otros rubros.

Este año la definición del salario mínimo se dará en un entorno político y social muy diferente al del año pasado. En 2018 la Administración se anotó dos victorias: un aumento del 6 por ciento -el aumento más alto en términos reales en 25 años- y logrado mediante concertación, evitando la definición por decreto, algo que solo se ha logrado 6 veces en los últimos 20 años.

El nivel del aumento y haberlo logrado en la mesa de negociación se convirtió en uno de los logros sociales y económicos del primer año de Duque que la Presidencia más resaltó en sus balances de gestión.

Un año después, aún sin iniciar oficialmente la negociación, el ambiente se ha deteriorado. La agenda laboral y pensional está en el corazón de la convocatoria del paro nacional del próximo 21 de noviembre.

Aunque el propio presidente Iván Duque ha manifestado que este año no presentará ninguna reforma laboral ni de pensiones, circulan en el debate público propuestas sobre salarios y contratación laboral, así como iniciativas de origen parlamentario sobre primas y jornada laboral. El partido de gobierno Centro Democrático presentó en el Congreso su propio paquete de medidas para los trabajadores, que aún no cuentan con el pleno aval del Gobierno.

La lluvia de propuestas no debe sorprender a nadie. Las altas tasas de desempleo- que ya están en los dos dígitos- son uno de los lunares más evidentes del desempeño económico de la administración Duque. Para muchos analistas el aumento del 6 por ciento del salario mínimo para este año, sin estar atado a un aumento en la productividad, no sólo encareció los costos laborales, sino también pudo frenar la generación de más puestos de trabajo.

Es imposible desvincular esta negociación del salario mínimo con el debate actual sobre la actualización y flexibilización del régimen laboral en Colombia.

Propuestas como el salario diferencial de menos del mínimo para jóvenes y el salario mínimo por regiones, e incluso por sectores, son aportes valiosos a la discusión pública del tema.

No obstante, ese enrarecido entorno político no les brinda viabilidad. Tanto es así que el primer mandatario ha descartado públicamente tomar medidas en esa dirección.

Otro aspecto difícil de desvincular en esta discusión es el de la informalidad laboral. A pesar de la tendencia a la baja, casi la mitad de los trabajadores en el país son informales- el 46, 9 por ciento- en las 23 capitales y áreas metropolitanas que mide el Dane.

Al gobierno Duque le convendría que de la negociación del salario mínimo saliera un resultado similar al año pasado: un aumento alto y producto de la concertación. Más allá del balance de la jornada de paro de este jueves 21, este resultado le brindaría a la Casa de Nariño poderosa munición para un mensaje de más ingresos a los trabajadores y de capacidad de diálogo social y de construir consensos.

Por otro lado, por más impopular que sea, aumentar el salario mínimo más cerca de los dos dígitos impacta la necesaria generación de empleo formal y golpea en especial a las pequeñas y medianas empresas y a los emprendedores. La ruta hoy hacia un salario mínimo por consenso debe sortear un complejo ambiente político y unas válidas preocupaciones económicas.

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