Ricardo Ávila
Editorial

Lecciones en francés

Las dificultades del gobierno de Emmanuel Macron muestran que política y economía no siempre van de la mano. ¿Pasa lo mismo en Colombia?

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 11 de 2018
2018-12-11 07:44 p.m.
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Todavía no es claro si las medidas anunciadas por Emmanuel Macron el lunes serán suficientes para acabar con las movilizaciones de los ‘chalecos amarillos’, que desde hace un mes tienen al gobierno francés a la defensiva. A pesar de los llamados para que cesen las protestas, está citada otra jornada de marchas para el sábado.

Mientras esa incógnita se resuelve, las reacciones provenientes de varios sectores no se han hecho esperar. La más fuerte llega de los analistas financieros que tomaron nota del costo del paquete de alivios impulsado por el Palacio del Elíseo, calculado en 10.000 millones de euros. Esa suma no estaba presupuestada y elevaría el déficit fiscal al equivalente del 3,4 por ciento del Producto Interno Bruto galo, un nivel que supera el límite del 3 por ciento establecido por la Unión Europea.

Más allá de los malabares que haga París para ajustarse al parámetro señalado, la inquietud de fondo es otra. El punto álgido es el futuro de las reformas que viene impulsando Macron para hacer a la economía de Francia más competitiva. Si bien su administración completó parte de la tarea, el desplome en la popularidad del Gobierno lo pone a la defensiva, pues el promover la actividad privada le ha ganado el remoquete de gobernar para los ricos.

Y no solo eso. Vale la pena recordar que las manifestaciones comenzaron debido al alza de los impuestos a los carburantes, con el fin de limitar el consumo de combustibles fósiles. Dicha medida se encuentra suspendida, lo cual comprueba que a veces las consideraciones del bolsillo pesan más que las del medio ambiente.

El ejemplo francés es útil porque confirma cómo la economía y la política no siempre van de la mano. Frente a la promesa de que un clima favorable para la inversión acabará creando oportunidades de progreso y empleo, la gente prefiere ir a lo seguro y negarse a hacer sacrificios. Salir a las calles de manera espontánea es ahora más fácil por cuenta del poder de convocatoria de las redes sociales, algo que recorta sustancialmente el margen de maniobra del Ejecutivo de turno.

Aunque las comparaciones son odiosas, lo que sucede al otro lado del Atlántico también opera en Colombia, así sea de manera parcial. En nuestro caso, el limitado espacio político con que cuenta la administración Duque se expresa en lo difícil que le queda sacar adelante sus propuestas.

Que eso es así, lo demuestra el tortuoso tránsito de la agenda legislativa. La cirugía mayor que le hizo el Congreso a la ley de financiamiento, el fracaso de la reforma a la justicia y los ataques que sufre el proyecto que impulsa el Ministerio de las TIC, confirman que esas épocas en las cuales un gobierno recién llegado al poder lograba pleno respaldo en el Capitolio, pertenecen al pasado.

Puede ser que los tropiezos se deban al cambio en las relaciones con los parlamentarios, a los cuales se les ha privado de puestos y ‘mermelada’. Tampoco se pueden ignorar los bajos índices de aprobación de la gestión presidencial, víctima de la polarización y de sus propios errores.

Sea como sea, una menor gobernabilidad trae peligros. De un lado, está la propia sostenibilidad fiscal, que sigue en duda porque a partir del 2020 el déficit público aumentaría, a menos que se hagan recortes profundos. Del otro, está en duda la suerte de las reformas que habría que hacer para solucionar el lío de las pensiones, cerrar la vena rota de la salud y lograr que la justicia opere en forma rápida y eficiente, entre otros asuntos.

Al tiempo que eso sucede, las firmas calificadoras de riesgo están atentas a ver si Colombia cumple con las asignaturas pendientes para no bajarnos la nota. Tal como su homólogo francés, Iván Duque requerirá de mucha destreza con el fin de navegar las aguas turbulentas de un clima político hostil.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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