Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Lo que abril se llevó

La cuarentena hundió en un mes toda la economía. El país no puede olvidar el alto precio del confinamiento para futuras decisiones.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
junio 18 de 2020
2020-06-18 09:18 p.m.
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Abril de 2020 está camino a convertirse en uno de los peores meses de la historia económica de Colombia.

Ayer el Dane publicó el Indicador de Seguimiento de la Economía correspondiente a este mes: la actividad real cayó en un 20,06 por ciento, la peor de la historia de la serie desde 2005.

La gran mayoría de áreas o sectores productivos fueron impactados negativamente por la decisión del Gobierno de confinar al país para enfrentar al coronavirus. De acuerdo a datos oficiales, en abril la industria bajó un 35,8 por ciento, mientras que las actividades comerciales tuvieron una disminución de 42, 9 por ciento.

El consumo, ese motor de crecimiento económico en años recientes, se frenó en seco en ese mes: según la firma Raddar, el nivel de gasto de los hogares colombianos cayó a -5,1 por ciento.

El Índice de Confianza del Consumidor se desplomó en 41,3 por ciento, el más bajo registrado desde 2001, mientras que la demanda de energía bajó en 10,71 por ciento. Según la muestra mensual de hoteles del Dane, los ingresos de estos establecimientos cayeron en un 94 por ciento.

Esta parálisis de la mayoría del aparato productivo en abril se tradujo en una tasa de desempleo del 19,8 por ciento, la más alta en casi 20 años. Esto es, la destrucción de 5,4 millones de empleos, un cuarto del total de la economía.

A lo anterior se añade un incremento de 4,3 millones en la población de inactivos. Esto implica un impacto sin precedentes en el mercado laboral y una amenaza directa a los avances en reducción de la pobreza de los últimos 20 años.

Conforme los datos van saliendo, tanto de fuentes oficiales como de centros de estudios privados y gremiales, el país empieza a comprender la magnitud del costo económico de abril. No es lo mismo predecir o estimar un comportamiento negativo, que poder calcularlo en su real dimensión.

Esta fotografía del primer mes de la cuarentena más estricta revela el precio, en datos contantes y sonantes, que los distintos actores de la economía -hogares, empresas, Estado e individuos- pagaron por el confinamiento.

Lo anterior no solo debe poner punto final a la falsa disyuntiva entre salud y economía, sino también ayudar a los dirigentes políticos a entender que cada día de restricción trae costos inmensos a la actividad productiva.

Asimismo, estas estadísticas, negativas e históricas, ratifican que el Gobierno Nacional no se equivocó al iniciar la flexibilización de restricciones a fines de abril y que han continuado hasta hoy.

No obstante, el ritmo de la reactivación económica tiene que agilizarse, con todos los protocolos sanitarios, para pasar de decretos y decisiones administrativas, a una mayor actividad real en sectores como la construcción, la industria y el comercio.

De hecho, es muy factible que abril constituya el punto más bajo de la crisis de la pandemia y que los meses de mayo y junio registren una leve recuperación en la mayoría de los indicadores. Esas aperturas, que cada día surgen de la valiente decisión de un industrial, un comerciante, un constructor y de sus respectivos trabajadores, junto a las ayudas y alivios monetarios del Gobierno, sostendrán los cimientos de la reactivación.

Que la fotografía de la economía colombiana sea tan sombría no debe generar mayor sorpresa. Lo que todos estos indicadores contribuyen a dimensionar integralmente es el severo impacto de las medidas sanitarias, como el confinamiento y el distanciamiento, sobre el aparato productivo y la confianza de los actores económicos. De esta manera, la sociedad entera podrá entender el precio a pagar cuando, en el futuro, se discutan e impongan nuevas cuarentenas.

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