Ricardo Ávila
Editorial

Los retos del gigante

Los efectos de la guerra comercial con EE.UU., la caída de la demanda interna y la baja producción explican la desaceleración de la economía de China.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
enero 03 de 2019
2019-01-03 08:00 p.m.
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El Banco Popular de China inició el 2019 con la confirmación de una noticia que los mercados anticipaban: la economía del gigante asiático aumentó su desaceleración al cierre del año pasado. De acuerdo con el banco central, el crecimiento del Producto Interno Bruto estaría por debajo del 6,5 por ciento en el cuarto trimestre del 2018.

Días atrás, el indicador de Bloomberg Economics, que reúne los principales datos del mercado y comercio negativo, indicó que la economía china bajó su ritmo en diciembre, con lo que encadenó siete meses con un menor vigor en su expansión.

En esa línea, los organismos multilaterales han venido recortando sus proyecciones de desarrollo de la principal economía asiática para el año que comienza. Así, el Banco Mundial y el FMI señalan que el PIB anotará 6,2 por ciento.

Los pronósticos concuerdan en que los efectos de la guerra comercial, que desde inicios del 2018 libran Estados Unidos y China, ya se sienten en la expansión del gigante asiático. El FMI va más allá e indica que existe la posibilidad de que se intensifiquen esas tensiones, lo que representaría pérdidas de 1,6 por ciento en el PIB chino para el 2019, mientras que en Estados Unidos esa afectación sería de 0,9 por ciento.

Una reciente encuesta adelantada por el diario Global Times en diez ciudades del país asiático, arrojó que 80 por ciento de los chinos considera que Occidente ha tomado medidas para frenar el crecimiento económico de su país. Además, el sondeo reveló que el 63,5 por ciento de los encuestados opina que los lazos entre Pekín y Washington fueron determinantes para China en el 2018 y que supera al de las relaciones con Rusia, Europa y Japón.

A los nocivos efectos de la guerra comercial hay que sumarle una caída de la demanda interna y a una significativa reducción en el ritmo de producción de las fábricas para comprender el porqué del freno en la economía china.

Por supuesto, ante la innegable coyuntura, el gobierno ha jugado varias cartas, a la par que desde diferentes orillas se hacen recomendaciones para que China recupere su vigor económico, que cada año aporta más del 1 por ciento al crecimiento de la economía mundial.

Pekín se ha comprometido a reducir de manera más agresiva los impuestos y ha tomado medidas que incluyen rebajas en los encajes bancarios para estimular los préstamos y políticas para pisar el acelerador en los proyectos de infraestructura.

Sin embargo, a pesar de que esas iniciativas seguramente revitalizarán el crecimiento de la economía, desde afuera se escuchan voces que le aconsejan al gobierno tomar medidas para consolidar un crecimiento en el que prevalezca la calidad antes que la cantidad.

El Banco Mundial, señala que el reto clave de la política china será el manejo de las tensiones comerciales con Estados Unidos, algo que suena obvio, pero además indica que su política fiscal debería centrarse en promover el consumo de los hogares y no en la grandes obras de infraestructura, una apuesta de la que ha echado mano el gobierno para sostener los altos niveles de crecimiento.

El organismo agrega que China debe prestar mayor atención a la preocupación de sus socios comerciales en temas como la protección de la propiedad intelectual, la transferencia de tecnología y el cuidado del medioambiente.

A su vez, el FMI opina que Pekín debe aumentar una regulación financiera más rigurosa, profundizar en las reformas estructurales fiscales que apunten el equilibrio con impuestos a las personas más progresivos y atacar la desigualdad en los ingresos con la eliminación de las barreras a la movilidad laboral.

Además, punta que China debe promover una mayor liberalización de los mercados –en especial el de servicios–, reformar las empresas estatales y, sobre todo, promover una política fiscal que promueva el consumo privado y evitar que las obras de infraestructura sean la herramienta para combatir la desaceleración de la economía.

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