Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Más cuarentena

Colombia entra al momento crítico de la pandemia con el encierro como un instrumento agotado, costoso y confuso.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
julio 28 de 2020
2020-07-28 09:00 p.m.
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Ayer, en su programa diario de televisión, el presidente Iván Duque anunció la extensión de la cuarentena nacional por otros 30 días, hasta el 30 de agosto.

Implementada por primera vez el 25 de marzo, la medida de confinamiento, que hoy llega a los 127 días, alcanzaría los 159 días. Esto significaría uno de los encierros más extendidos decretados en el mundo para combatir la pandemia del coronavirus.

Ha sido esa larga duración la que alimenta el actual debate sobre si Colombia implementó la cuarentena total más temprano de lo que ameritaba. Este no es una discusión menor: el confinamiento del mes de abril no sólo infligió un alto costo social y económico al país sino también tenía el objetivo de ganar tiempo para robustecer la capacidad médica de respuesta a la enfermedad.

La flexibilización de las restricciones que acompañaron el proceso de reapertura gradual de la economía en mayo, junio y julio han venido mermando la efectividad de este instrumento. A lo anterior se suma la normal fatiga ciudadana, producto del encierro y de las presiones económicas y la incertidumbre laboral.

Lo grave es que Colombia, a una distinta velocidad regional, transita inexorablemente hacia los momentos más críticos de la pandemia en las próximas semanas y meses.

Ayer el número de casos diarios en el país superó los 10 mil y los fallecidos alcanzaron los 297. Con 267. 385 contagios, 136 mil de los cuales ya están recuperados, y más de nueve mil muertes, Colombia ya integra el grupo de naciones más afectadas por el coronavirus en el mundo.

Este es precisamente el momento en que el Estado, los ciudadanos, los gobiernos locales, las empresas y todos los actores sociales deben estar más sincronizados en sus respuestas y en que la confianza en la estrategia institucional es más necesaria y urgente.

Extender la cuarentena- o en palabras del Gobierno el aislamiento preventivo obligatorio- por un mes adicional es la medida más pertinente dado el creciente ritmo de contagios en el país. No obstante, los encierros son hoy desafortunadamente un instrumento agotado, costoso y confuso.

Agotado porque las flexibilizaciones y las sucesivas extensivas han convertido el confinamiento en una decisión de los ciudadanos y de los hogares. Pero lo más triste es que esa decisión de encerrarse como medida de protección no es voluntaria ni libre.

La exacerbación de las inequidades que trajo la pandemia se reflejan dramáticamente entre quienes pueden teletrabajar, mantener la cuarentena y protegerse, y quienes deben salir a las calles a ganarse el sustento.

Costoso porque el confinamiento hundió la actividad económica del país a mínimos históricos y destruyó millones de puestos de trabajo. Tantos días de cuarentena no solo afectan a las empresas y los trabajadores sino que aumentan la desconfianza y la incertidumbre de los consumidores.

Ya los colombianos experimentaron las consecuencias de un encierro total en sus empleos, en sus ingresos y en sus hogares, de un encierro total. Cualquier decisión gubernamental, nacional o local, que paralice las actividades económicas otra vez será masivamente desconocida y burlada. La fatiga de la cuarentena es tanto sicológica como económica.

Y, por último, confuso porque no solo muchos sectores están abiertos y operando sino también las alcaldías locales han implementado una variopinta gama de restricciones y toques de queda.

La última medida en Bogotá, aunque más de autocuidado que policiva, ya sumaba obesos, hipertensos y diabéticos a los encierros geolocalizados. “Convivir” con el coronavirus en el segundo semestre y después del pico implicará diseñarla ruta para el fin oficial de la cuarentena.

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