Ricardo Ávila

Por mejor camino

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
mayo 02 de 2014
2014-05-02 01:02 a.m.
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Ayer, tal como es usual el primero de mayo de cada año, se celebró en buena parte de los países del mundo el Día Internacional del Trabajo. La excepción más notoria fue la de Estados Unidos, que irónicamente tuvo mucho que ver con su creación, pero que tiene como fecha para la efeméride el primer lunes de cada septiembre. Pero lo cierto es que, siguiendo con la tradición, en centenares de capitales se realizaron marchas en las que se plantearon diversas reivindicaciones.

Las más sentidas, sin lugar a dudas, tuvieron lugar en los países europeos vecinos a la cuenca del Mediterráneo. Si bien los datos muestran que lo peor de la crisis económica quedó atrás, pues el crecimiento ha vuelto, la recuperación es tímida. Esa circunstancia lleva a que la capacidad de generación de nuevos cargos sea baja, algo que le envía una mala señal a sociedades, como la española, en la cual el desempleo supera el 25 por ciento.

La preocupación de que venga una reactivación que no se sienta en el tamaño de las nóminas está en mente no solo de los sindicatos ibéricos, sino de los ciudadanos de Italia o Grecia, para nombrar tan solo un par de ejemplos significativos. Puesto de otra manera, las esperanzas de que la desocupación caiga de forma sustancial no tendrían asidero, ya que con la dinámica actual regresar a los niveles del pasado tomaría no años, sino décadas.

En otras latitudes, el primero de mayo es una buena ocasión para reivindicar ciertos derechos. Ese es el caso de Turquía, en donde la ciudadanía aprovechó la ocasión para expresar su rechazo a un régimen que no solo cae en repetidas ocasiones en prácticas totalitarias, sino que ha sido acusado de ser tolerante a la corrupción.

Mientras eso sucedía, la jornada en Colombia resultó ser relativamente tranquila. Más allá de incidentes ocasionales como los ocurridos en Barranquilla, el ambiente estuvo menos cargado que en otras ocasiones y vino acompañado de razonables demandas en favor del trabajo digno. Ese balance –válido a la hora de escribir estas líneas– es llamativo, dados los vientos de tormenta que se han venido acumulando en torno al paro agrario cuya solución todavía sigue pendiente.

La calma observada bien podría atribuirse a realidades objetivas que comprueban que la situación del país tiene una evolución positiva. Así lo comprobó el Dane el pasado miércoles, cuando reveló que el desempleo en marzo cayó a niveles de un solo dígito, algo inédito desde cuando la entidad empezó a dar a conocer cifras mensuales, a comienzos del siglo.

Adicionalmente, el subempleo también dio marcha atrás, lo que sugiere que el aumento en el número de vacantes en el sector formal es elevado. Y lo mejor es que los registros positivos se han contabilizado en la gran mayoría de capitales, pues 19 de 23 áreas metropolitanas observadas pudieron mantener controlado el ambiente, en favor de la creación de empleo.

A pesar de los avances, no está de más señalar que nada está garantizado y que la tasa de desocupación en Colombia supera todavía el promedio de América Latina. En consecuencia, es deber de las autoridades persistir no solo para evitar retroceder en la materia, sino continuar la tarea para que el clima en temas relacionados con lo laboral, no deje de ser propicio.

Dicho mensaje debería llegar a los oídos de los candidatos presidenciales, que ayer volvieron a hacer promesas, las cuáles deberían ser tomadas con un grano de sal. Y es que más allá de los compromisos públicos en favor del número de ocupados, no está de más señalar que no hay nada que permita ganarle terreno a la marginalidad, como lo que pase en el campo laboral. Debido a ello, la reglas de juego tienen que ser estables, si de lo que se trata es de consolidar los avances en el empleo y evitar que los vientos de protestas que soplan en otros continente, también se sientan en Colombia.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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