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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

Momento de prudencia

Más allá de los impactos que desata el porcentaje de aumento del mínimo en las empresas, de fondo está la urgencia de una reforma al mercado laboral.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
noviembre 29 de 2022
2022-11-29 08:53 p. m.
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Hoy, de acuerdo al cronograma concertado a finales de octubre pasado, se instalará la subcomisión de Productividad de la Comisión de Concertación de Políticas Salariales y Laborales. Constituye tanto la antesala a la discusión tripartita sobre el salario mínimo para 2023 como el arranque oficial de los diálogos entre centrales obreras, empresarios y Gobierno para la definición de este aumento.

Las negociaciones sobre la remuneración mínima legal vigente para el 2023 cobran una importancia adicional ante la coyuntura de la economía colombiana y del primer gobierno de izquierda en el poder nacional. Las perspectivas económicas para el 2023 en el país apuntan a una fuerte desaceleración en las actividades productivas- un crecimiento del PIB entre 0,9 y 2,2%- así como persistencia en presiones inflacionarias.

A lo anterior se añade la estabilización en el ritmo de la recuperación de los millones de puestos de trabajo perdidos en el choque de la pandemia. Las tasas de desempleo ya están retornando a los niveles de más del 10%, previos a la irrupción del coronavirus, y regresan las restricciones estructurales del mercado laboral colombiano, plenamente identificados por los expertos. Junto a la desocupación se incluye el alto porcentaje de trabajadores en la informalidad: más del 58% entre julio y septiembre pasados. De hecho, más de la mitad de esta población ocupada gana menos que el mínimo actual.

Por otro lado, la disparada de la inflación- que en octubre registró 12,22% y más de 14% en los hogares pobres -no solo enmarca las discusiones en un entorno de pérdida de la capacidad adquisitiva de los trabajadores, sino que empujará al alza las propuestas que los sindicatos pondrán sobre la mesa en unos días. No obstante, una subida muy elevada- que supere la combinación de inflación causada más productividad- terminará por, en palabras de Fedesarrollo, “generar presiones al alza en la inflación del próximo año”.

En esa línea centros de estudios como Fedesarrollo y Anif ya lanzaron sus propuestas de cuánto debería aumentarse el salario mínimo para 2023: 13,5% y 13,9%, respectivamente. Estos guarismos caen en el lado de la prudencia dentro de esta negociación ante los impactos negativos de un alza desmedida en la generación de nuevos puestos de trabajo, en el crecimiento de la informalidad laboral y en la inflación. Las centrales obreras, han anunciado que buscan introducir en esta discusión otros puntos como congelación de precios de la energía, medicamentos e intervenciones cambiarias.

El momento de la prudencia en la negociación del aumento del salario mínimo cobija asimismo la necesidad de generar condiciones que conduzcan tanto a la creación de más empleo como a la disminución de los altos niveles de informalidad. Dado que estas poblaciones de desempleados e informales no cuentan con representación en esa mesa de negociación, alzas moderadas contribuyen a no deteriorar más de lo debido los incentivos de generación de empleos.

Más allá de los diversos impactos que desata el porcentaje de aumento del mínimo en las empresas, los gastos fiscales, las pensiones, los precios indexados, el desempleo y demás, de fondo está la urgencia de una reforma al mercado laboral colombiano. Reforma que debe concentrarse en estimular al aparato productivo a la creación de empleo formal, a una mayor productividad laboral, a una formación pertinente y sintonizada con las necesidades empresariales y a un fortalecimiento de la protección y seguridad social.

FRANCISCO MIRANDA HAMBURGER
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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