Ricardo Ávila
Editorial

Ni tan bien, ni tan mal

El crecimiento de la economía colombiana en el primer trimestre del 2019 comprueba que la aceleración esperada por muchos, aún no se concreta. 

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
mayo 15 de 2019
2019-05-15 08:59 p.m.
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Este miércoles, la gran noticia en Colombia tuvo que ver con la Rama Judicial, por cuenta de las decisiones de la JEP y la renuncia del Fiscal. Pero para quienes le toman el pulso a la actividad económica no pasó inadvertido el reporte del Dane según el cual el aumento del Producto Interno Bruto en el primer trimestre fue de 2,8 por ciento, frente al mismo lapso del año pasado. La cifra estuvo cerca de los pronósticos de los analistas, aunque se ubicó medio punto porcentual por debajo de la apuesta del Gobierno y resultó ser cuatro décimas menos que la proyección del Banco de la República.

Si bien la diferencia parece menor, quienes saben de estos asuntos señalan que un arranque modesto como el observado, hace muy difícil conseguir la meta oficial del 3,6 por ciento anual para todo el 2019. Aunque matemáticamente es factible elevar el promedio, no hay circunstancias que hagan probable una aceleración. De hecho, por cuenta del deterioro del clima internacional, los expertos hablan de un escenario de riesgo al alza.

Sea como sea, lo ocurrido entre enero y marzo dejó un sabor agridulce. Para comenzar, frente al nivel de producción alcanzado en el último trimestre del 2018, no hubo mejora, pues la expansión fue de cero por ciento.

No obstante, hay cosas positivas. A pesar de que la cartera de créditos avanza a un ritmo lento, el ramo de servicios financieros tuvo un buen desempeño, con un 5,5 por ciento, gracias a que compañías de seguros o fondos de pensiones se beneficiaron de una valorización importante de sus inversiones.

También llamó la atención que el sector extractivo vio reverdecer sus laureles, principalmente por cuenta del alza en la producción de petróleo. Ello fue suficiente para arrastrar a toda la categoría, que registró una subida del 5,3 por ciento, algo que no sucedía desde las épocas de la bonanza de hidrocarburos.

El mayor aporte a la cifra final lo hizo el comercio –que tiene el peso más grande entre todas las actividades medidas–, con un alza del 4 por ciento. El trasfondo de ese guarismo es que la demanda interna no va mal y en especial el gasto de consumo final de los hogares, cuya expansión llegó al mismo número.

Aun así, hay capítulos que no andan bien. El parte más inquietante de todos es el de la construcción, cuya contracción ascendió a 5,6 por ciento debido, sobre todo, al descenso en edificaciones. Si bien las obras relacionadas con las carreteras andan bien, eso no fue suficiente para evitar una descolgada preocupante a todas luces, especialmente cuando se tiene en cuenta el impacto de esta área en la generación de empleo.

También se sabía que el capítulo agropecuario no pintaba de manera halagüeña por cuenta de factores climáticos y del ciclo de precios. Tal vez lo único rescatable es que la estadística acabó siendo positiva, gracias a que la pesca sacó la cara por la categoría.

Más allá del balance de ganadores y perdedores, vale la pena preguntarse qué puede suceder en lo que resta del calendario. En caso de que no vengan nuevas sorpresas en lo que atañe al comercio global, los especialistas creen que hay espacio para cierta aceleración.

Quienes piensan con el deseo, consideran incluso que en caso de que la inflación se mantenga cerca del 3 por ciento anual, el Banco de la República podría recortar su tasa de interés para estimular la economía. Sin embargo, es mejor no hacer cuentas alegres y asumir que en el mejor de los casos el crecimiento subirá unas décimas más.

Lo anterior obliga al Gobierno a ser especialmente cauto en el manejo de la situación fiscal. Una dinámica menos vigorosa incide directamente sobre los recaudos tributarios, por lo cual la mejor actitud es la prudencia. Así se evitarán dolores de cabeza a la vuelta del camino.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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