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Francisco Miranda Hamburger
Editorial

No hay fórmulas mágicas

La reducción de la pobreza es hoy el reto socioeconómico más vital para el país y su abordaje va más allá de la nueva tributaria.

Francisco Miranda Hamburger
Director de Portafolio
POR:
Francisco Miranda Hamburger
septiembre 15 de 2021
2021-09-15 10:25 p. m.
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Uno de los objetivos de la recientemente sancionada reforma tributaria, también llamada ‘Ley de Inversión Social’, es la reducción de los altísimos niveles de pobreza que ha dejado la pandemia de la covid-19. De acuerdo al Gobierno Nacional el nuevo articulado fiscal se traduciría en un descenso de más de ocho puntos porcentuales en la población bajo la línea de pobreza.

De acuerdo a las cifras del Dane, en 2020, a causa del desplome histórico de la economía por la crisis del coronavirus, la pobreza monetaria se disparó de 35,7 a 42,5 por ciento de los colombianos mientras que la multidimensional reportó una tendencia similar al elevarse de 9,6 a 15,1 por ciento. Es decir, la pandemia no solo generó un choque severo en los ingresos de la población sino también sacudió factores más estructurales como la asistencia escolar rural y el desempleo de larga duración.

La triple crisis sanitaria, social y económica del coronavirus retrocedió los avances en la disminución de la pobreza en Colombia prácticamente en una década. Por la magnitud de estos impactos, la reducción de la pobreza constituye indudablemente el desafío socioeconómico más crucial para el país en los próximos años. Por ese motivo, los ambiciosos efectos que el presidente Iván Duque atribuye a las medidas sociales de la nueva reforma tributaria deben ser analizados con cuidado y realismo.

La posición de la Casa de Nariño es que la ‘Ley de Inversión Social’, por medio de la extensión del Ingreso Solidario y otros canales de transferencias monetarias, así como de otros artículos, borrará hacia 2022 de un plumazo el aumento de la pobreza generado por la pandemia en 2020. Es innegable que el esfuerzo gubernamental de llegar a más millones de hogares con efectivo, financiado por la contribución solidaria de los empresarios de todos los tamaños del país, tendrá un efecto mitigador al aumentar los ingresos de los más vulnerables.

La pregunta es si esta inyección de recursos, sumado a la tendencia positiva de reactivación de las actividades económicas, regresará la pobreza a los niveles pre-pandemia. Si bien la reapertura de los sectores productivos guarda una relación con la mejora en los ingresos y el consumo de los hogares, no son dos dinámicas que se sintonicen automáticamente. De hecho, uno de los retos más trascendentales de las estrategias de recuperación de la economía es precisamente incorporar medidas para asegurar mayor equidad, para no dejar poblaciones rezagadas como mujeres, jóvenes y regiones y para lograr que los beneficios de la reactivación sean disfrutados por todos. El positivo crecimiento del PIB nacional para 2021 contribuirá a que la pobreza disminuya en varios puntos porcentuales, pero el empleo es una variable con un impacto mayor y más cercano sobre ella. La reducción de la población bajo la línea de pobreza está más vinculada con la generación de puestos de trabajo y a la calidad de los mismos. Y en este frente la reactivación económica ha tenido buenos resultados, aunque no en la dimensión suficiente para llegar a los niveles previos a la irrupción del coronavirus.

No se trata de desconocer el optimismo macroeconómico de este segundo semestre sino de recordar la inevitable complejidad en el abordaje para disminuir la pobreza, que incluye mecanismos que enfrenten la desigualdad y que minimicen los efectos de la inflación. La reforma tributaria ayudará a reducir los niveles más no será una ‘fórmula mágica’ para eliminar de un tajo el año entrante el choque de pobreza de la pandemia.

Francisco Miranda Hamburger
framir@portafolio.co
Twitter: @pachomiranda

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