Ricardo Ávila

Nubes de tormenta

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 08 de 2013
2013-10-08 03:21 a.m.
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Ha pasado algo más de un mes desde cuando la seguidilla de paros que afectaron gravemente la vida cotidiana de cientos de miles de colombianos llegó a su fin, no sin dejar tras de sí una estela de pérdidas y destrucción. Las protestas que tuvieron como epicentro el sector agropecuario, llevaron al Gobierno a hacer una serie de concesiones en diversos temas, aparte de precipitar una crisis en el gabinete ministerial y obligar al Ejecutivo a elevar el presupuesto de gastos para el ramo en el 2014.

A la luz de lo ocurrido, es sorprendente constatar que otra vez el nivel de las aguas está creciendo en el campo, figurativamente hablando. Para ser más precisos, diversos dirigentes han vuelto a hablar de la necesidad de movilizar a sus bases y recurrir a las conocidas vías de hecho, con el fin de presionar a la administración Santos para que cumpla con los compromisos adoptados.

Y es que entre los líderes de las llamadas ‘dignidades’ existe la impresión de que una cosa fueron las promesas gubernamentales y otra la concreción de las mismas. Como si eso fuera poco, la sensación de crisis no ha desaparecido por cuenta de los bajos precios a los que se siguen vendiendo productos como papa, café y leche. Aunque en cada caso hay explicaciones puntuales, la impresión es que las cosas no han cambiado mucho.

Al respecto, vale la pena tener en cuenta la multitud de puntos acordados en los diferentes lugares a los que se desplazaron los negociadores oficiales, con el fin de que se suspendieran los bloqueos. En cada uno se levantaron actas en las que se describen las tareas a realizar, en muchos casos sin considerar las dificultades de volverlas realidad.

Quienes saben del asunto afirman que hay cerca de 160 obligaciones a cargo del Ejecutivo. Por ejemplo, en los diálogos de Tunja, el número asciende a 46, mientras que en el caso de Popayán, la cifra es de 52, y en el de Neiva, de 19, faltando datos de otros municipios.

En respuesta, el Gobierno sostiene que ya tiene hechos para mostrar, mientras que en otros casos los procesos se encuentran en marcha. Así, los decretos mediante los cuales se eliminaron los aranceles de fertilizantes y agroquímicos fueron expedidos, mientras que la aplicación de la circular del ICA sobre semillas está suspendida. También fue presentado en el Congreso un proyecto de ley que pospone el desmonte del gravamen a los movimientos financieros, lo cual permitirá incrementar en 3,1 billones de pesos los ingresos fiscales, suma que será destinada en su totalidad al sector agropecuario.

No obstante, la administración no ha conseguido comunicar bien lo hecho hasta la fecha o demostrar que ciertas decisiones empiezan a dar resultados. Es posible que el cambio de titular en el Ministerio de Agricultura tenga algo que ver con que aumente la sensación de vacío o que sencillamente muchas de las carteras que le metieron el hombro a buscar una solución se hayan desentendido del tema.

Sea como sea, las nubes de tormenta se están acumulando de forma gradual. Ello exige tener bien aguzados los oídos para escuchar las voces de protesta, algo indispensable en una administración que debería haber aprendido la dura lección reciente cuando fue evidente que interpretó mal las señales que tenía enfrente.

Lamentablemente, los primeros augurios no son buenos. Aparte de que la capacidad de interlocución con las más variadas regiones es pobre, el nuevo titular de la cartera de Agricultura se fue lanza en ristre contra los gremios del área. Como si eso fuera poco, entidades claves de la talla del Banco Agrario e Incoder necesitan una nueva cabeza y la oposición afila sus argumentos en el Capitolio.

Todo lo anterior requiere, una vez más, el liderazgo de la Casa de Nariño para conseguir estrategias coordinadas y respuestas coherentes. De lo contrario, la historia puede volver a repetirse, así el Gobierno crea que ese peligro no existe.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter:@ravilapinto

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