Ricardo Ávila

Obras son amores

Ricardo Ávila
Exdirector de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 27 de 2012
2012-04-27 01:52 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Fiel a su costumbre como Presidente de la República, esta semana Juan Manuel Santos realizó ajustes en el gabinete.

Desoyendo los consejos de quienes preferirían cambios más amplios a nivel ministerial, el mandatario prefirió concentrarse en una renovación hecha con pinzas.

Así, Germán Vargas Lleras quedó designado en la cartera de Vivienda, mientras que Federico Renjifo lo remplazará en Interior y Miguel Peñalosa asumiría el tema de Transporte.

Si bien, algunos quisieran ver en tales designaciones una respuesta de la Casa de Nariño al descenso en los índices de favorabilidad del jefe del Estado, nada indica que sea así.

El plan para la construcción de 100.000 viviendas de interés prioritario para los más pobres venía diseñándose desde hace meses, mientras que las demoras en el arranque de la locomotora de infraestructura acabaron pasándole cuenta de cobro a Germán Cardona, quien empezó a acusar cansancio en el cargo más difícil del alto Gobierno.

Lo anterior, sin embargo, no implica que Santos deje de prestarle atención a señales que empiezan a cambiar de color. Aunque una popularidad cercana al 60 por ciento es buena ya sea en Colombia o en otro lugar, es indudable que el Presidente ha perdido terreno, justo cuando empieza la etapa más difícil de su administración.

Esta, para resumirlo en una frase, consiste en pasar de las palabras a los hechos. Sin duda alguna, en los meses pasados el Ejecutivo ha tenido un amplio espacio, tanto en el Congreso como ante la opinión, para sacar adelante sus propuestas.

En la lista se incluyen un ambicioso paquete de reformas legislativas, al igual que una Emergencia Social y una profunda reorganización del Estado.

Si bien quedan temas en el tintero en campos como el tributario, pensiones o desarrollo rural, los sondeos sugieren que la ciudadanía empieza a mostrarse impaciente por la lentitud en la ejecución oficial.

La prueba más ácida de todas ha sido el invierno, que cada vez que regresa lo hace acompañado de un elevado saldo en pérdidas de vidas humanas, carreteras destruidas y hectáreas anegadas.

Aunque algunas obras de mitigación han podido ser terminadas, son más las que siguen pendientes.

Es cierto que buena parte de la responsabilidad recae en alcaldes y gobernadores, pero el público identifica a Santos, quien prometió cosas que todavía no se han cumplido.

Tampoco es despreciable el deterioro en la percepción de seguridad. Sin desconocer que los homicidios y otros delitos descienden, la verdad es que la gente siente que el crimen está peor que antes y que, tanto en el campo como en las ciudades, las autoridades han perdido terreno.

Las denuncias de extorsiones, presiones y ataques han subido, más allá de la caída de numerosos cabecillas de las organizaciones ilegales.

La combinación de ambos factores actúa como un lastre en un país cuya economía avanza por buen camino. El desempeño favorable de la producción interna se ha traducido en un importante aumento de los recaudos fiscales, con lo cual han podido aumentar los presupuestos de inversión.

Sin embargo, ante el cuello de botella que existe en la ejecución, la impaciencia ante la demora en la llegada de las soluciones ha aumentado. Dicho de otra manera, muchos colombianos oyen hablar de prosperidad, pero no la sienten en carne propia y menos en la forma de programas oficiales efectivos.

Por tal motivo, no estaría de más apretarles las tuercas a los ministros y a altos funcionarios para que sean más efectivos en su labor.

El sistema de administración que defiende Santos es posiblemente más profesional que el de su predecesor, quien concentraba buena parte de las decisiones en la Casa de Nariño.

El problema es que por delegar tanto, el actual mandatario se está quedando con el pecado y sin el género, si su gente no entiende que la mayor responsabilidad también implica obligaciones. Sobre todo la de entender que obras son amores y no buenas razones.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado